(Primera de dos partes)
Vicente Francisco Torres
Muy a menudo se acusa a la literatura latinoamericana de ser solemne. Si para la narrativa tal aseveración es más o menos cierta, en el ensayo las cosas se complican todavía más. Jorge Ibargüengoitia fue la excepción que confirmó la regla. Sus ensayos y crónicas fueron una bocanada de aire fresco para las revistas en donde mantuvo sus columnas.
De aquí que la publicación de Anatomía de la risa (2011), de Luis Beltrán Almería, quien ya dio muestras de su conocimiento del tema (La imaginación literaria. La seriedad y la risa en la literatura occidental, Montesinos, 2002) sea un acontecimiento notable. Aparece en una bella colección que José María Espinasa y sus Ediciones Sin nombre coedita con la Universidad de Sonora y el patrocinio del conacyt.
Este volumen homeopático da la impresión de tener dos partes. La primera es antropológica y desde su página inicial arranca una sonrisa porque planta al lector ante una definición fisiológica de la risa, que nada tiene que ver con el motivo que lleva a comprar el libro. Cita Beltrán: “se define por la contracción de los músculos faciales que levantan las comisuras de los labios, realzando las mejillas…”.
El autor advierte que la risa está en todas las manifestaciones culturales, bajas y altas, en toda la vida cotidiana y ha sido atendida con muy poca fortuna. De aquí que se atreva a hacer una revisión histórica y diga que desde la antigüedad ha habido autores (Platón, Aristóteles, Cicerón) que vieron la risa como una expresión de rechazo a lo feo y a lo ridículo.
ara entrar en materia, nos regala una definición amable de la risa: “Quizá la forma más simple y también la más certera de definir la risa consista en decir que es la expresión de la cara alegre de la vida”. Luego se remonta hasta el hombre primitivo, que dividía su tiempo en laboral y festivo; el primero se revestía de seriedad y el segundo daba margen a la celebración y a los rituales. Pero “El proceso civilizatorio transformó el carácter de la fiesta. Su origen agrario se difumina, al tiempo que los acontecimientos religiosos y políticos adquieren preeminencia”.
