(Segunda y última parte)
Vicente Francisco Torres
En Occidente, los fines de semana y los periodos vacacionales han cambiado la alegría de la fiesta, de la risa, por el ocio, que es un tiempo de aislamiento. “Esta es la causa —o un síntoma, según se mire— de la decadencia de la risa”.
La risa es la manifestación de un mundo feliz; la felicidad es producto de la lucha por la supervivencia. La más genuina manifestación de la risa es el carnaval medieval que, simbólicamente, suprime las desigualdades, hecho que habla de la esperanza de mejorar el mundo. Por eso cuando los carnavales se convierten en mascaradas (fiesta de máscaras), en espectáculo, en desfile, y fiestas como las navideñas son dominadas por el consumismo, se pierde el motivo que impulsaba a los hombres a la risa y a la felicidad. En paralelo a lo anterior, la literatura festiva (cantos, juegos de palabras) se emancipó de la fiesta para formar parte de la cultura escrita.
La segunda parte del volumen se aleja de la antropología y va a terrenos literarios para mostrar las figuras de la risa (la risa del loco, del cínico, del ahorcado) y luego incursiona en terrenos conocidos para decir que la risa literaria se expresa en géneros menores y mayores. Entre los primeros están el chiste, la anécdota y el caso (episodio judicial con elementos mágicos o maravillosos). Los segundos son la comedia y la tragicomedia. Luego vendrán la comedia de costumbres, la alegoría y la parodia.
Aquí el volumen ya no es tan convincente porque menciona En busca del tiempo perdido como comedia de costumbres. Lo de las costumbres, santo y bueno, pero la risa no es muy evidente en aquella dilatada lectura. Lo mismo sucede con el tema del idilio (conjunto de episodios que tienen que ver con momentos notables de la existencia), en el que involucra a Pedro Páramo. Creo que Rulfo no tenía mucho que ver con la risa, pero la primera mitad de este bello ejemplar resulta de utilidad para el estudioso y la segunda es un buen recordatorio de aquellos temas propios del bachillerato.
