Es explicable su belicosidad

 

No he cometido un crimen,

lo que hecho es no cumplir la ley.

             David N Dinkins

 

 

Por José Foseca

Se escuchan muchas voces que exigen que la contienda por la Presidencia de la República que ya está en marcha sea “democrática y civilizada”.

Difícilmente se concretará esa visión idílica de la democracia. Alguna vez dijo Winston Churchill que hasta los más dignos estadistas tienen de cuando en cuando que ponerse las botas para ensuciarlas en la batalla por los votos.

Por eso, con realismo, el magistrado presidente del Tribunal Federal Electoral, Alejandro Luna Ramos, advirtió que las campañas en la democracia son por naturaleza belicosas.

Y en ésas estamos.

Misma razón por la cual sería ingenuo suponer que el Presidente se cruzará de brazos ante el aparente destino manifiesto de la opinión pública que según las encuestas avizora que el PRI regresará a Los Pinos. Hará lo que sea necesario para impedirlo.

Esa fue la razón de las calculadas declaraciones antipriístas del presidente Calderón a The New York Times. Sabe que el inquilino de Los Pinos debe maniobrar en una zona gris, la misma en que se movió Vicente Fox en 2006.

Fox, de acuerdo con el Tribunal Federal Electoral, no respetó las reglas y fue amonestado por el tribunal. Nada más.

Con ese antecedente, mal haría el presidente Calderón en no intentar maniobrar entre el laberinto de las restricciones legales impuestas por la reforma electoral de 2007, aunque se arriesgue a otra amonestación pública de la autoridad electoral, como la recibida por Fox cuando el Tribunal Federal Electoral calificó la elección presidencial e hizo la declaratoria de presidente electo. Más vale pedir perdón que pedir permiso.

Esa explicable belicosidad presidencial deberán enfrentar los candidatos del PRI y de la izquierda, quien quiera que sea éste último.

Por esa misma razón quizás es mejor que el Instituto Federal Electoral acepte el margen de tiempo propuesto por las estaciones de radio y televisión para modificar los spots políticos de campaña. Eso ayudaría a despresurizar la dinámica de las confrontaciones entre candidatos y partidos.

Es lo único que puede hacerse, despresurizarlas un poco, porque desde ahora se perciben muchos ánimos exaltados. Particularmente indignados están los antipriístas. Sorprende la virulencia y ocasional irracionalidad de los argumentos que algunos de éstos despliegan en comentarios, editoriales y declaraciones. Esa virulencia y esa irracionalidad no se quedarán sin respuestas, lo que permite concluir que las campañas por la Presidencia serán rijosas, belicosas, intensas. Así ocurre en todas las democracias.

La exigencia a los políticos y partidos no debe ser que sus tácticas de campaña sean “democráticamente civilizadas”, sólo que no promuevan la violencia electoral.

jfonseca@cafepolitico.com

 

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