¿Qué pretende?

Por René Avilés Fabila

 

De todos los aspirantes panistas a la presidencia de la República, es Ernesto Cordero el más empeñoso en criticar al PRI. No deja pasar una de sus intervenciones para atacarlo con virulencia. Llega a ser monótono. Pero hay algo más grave: al no tener un proyecto de nación, al desconocer sus principales problemas, algunos de ellos causados o agravados por su propio partido, el PAN, da señas de una infinita pobreza política.

Para colmo, suele hacerse acompañar por personajes corruptos como Miguel Angel Yunes o el alcalde de Monterrey, Fernando Larrazabal, cuyo hermano está acusado de una buena serie de pillerías y actos de corrupción. Tampoco dejemos de lado que el presidente municipal rechazó la propuesta de Gustavo Madero para retirarse del cargo mientras se llevaba a cabo la investigación. No puede acusar de corruptos a los priístas mientras va acompañado por visibles pillos.

Mientras que Cordero muestra su escasa capacidad política en mítines y asambleas de muy bajo nivel, Josefina Vázquez Mota asciende en la carrera presidencial. Con una experiencia reducida pero bien asimilada, ha procurado rodearse de personas hábiles que le abren camino. En tal sentido, ni siquiera el apoyo abierto de Felipe Calderón estimula el crecimiento de Ernesto Cordero. Si el presidente de México busca que su sucesor sea su leal amigo Cordero, se equivocó. Necesitará crear con urgencia un plan B, para que Vázquez Mota pueda avanzar más rápidamente y tratar de contener al PRI, que anda muy alto en las encuestas, y a Andrés Manuel López Obrador, quien muy probablemente sea el candidato de “las izquierdas” en lugar de Marcelo Ebrard, quien acaba de tener, en plena lucha electoral de su partido, un exitoso viaje a Kuwait para ver las posibilidades de que ingenieros petroleros de allá vengan al Distrito Federal a explorar el Zócalo en busca del importante energético.

Ernesto Cordero se ha convertido en una especie de López Obrador de la derecha. Amenaza, ofende, grita, critica sin sentido, cuando en este momento debería hacer propuestas para que su partido pueda conservar el poder. Es un vulgar peleador callejero, alguien que estaba mejor (no mucho, claro) en una elegante oficina burocrática, que en una arena política donde ya Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones compiten con decoro. Como si esto fuera poco, el PAN, quizás por instrucciones de Felipe Calderón, parece decidido a optar por una elección cerrada, algo para facilitar el camino de Cordero, pues aquí funcionaría el dedazo presidencial para favorecer no a Vázquez Mota o a Santiago Creel sino al delfín.

Por ahora el PAN tiene una buena aspirante a la candidatura presidencial en Vázquez Mota. Muchos especialistas le ven altos niveles de competitividad, una mujer con mayores cualidades que las que poseen sus rivales Cordero y Creel. Lo curioso es que Cordero comete una pifia más en su enorme inexperiencia política: ataca al PRI por acciones que todos estamos viendo en su partido. Ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Ernesto Cordero no tiene ninguna cualidad que le permita debatir con  Manlio Fabio Beltrones o con López Obrador. Es posible que encuentre adjetivos majaderos para calificarlos, pero carece de argumentos significativos. Es tiempo, para evitar mayores ridículos, que Calderón pase al plan B.

 

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