Silencio y disimulo ante la falta de autoridad
Por Jorge Carrillo Olea
En la percepción social provocada por la grave criminalidad que vivimos, se han generado serios sentimientos y conductas de miedo y complicidad. Ante la comisión creciente de tantos delitos, desde los de cuello blanco, de los servidores públicos y en el seno de la sociedad, ésta calla, se duele, reprueba, pero es incapaz de desenmascarar a los infractores que reconoce. Por un lado, es su ancestral aislamiento, su insolidaridad, su apatía y falta de compromiso. Esa sociedad que también es proclive a incumplir la ley.
Por otro lado, el miedo que condiciona cada vez más sus acciones y omisiones. Sabe que, a falta de una autoridad protectora, su silencio y disimulo pueden sustituir ese deber primario del gobierno y a él se confía.
A la par de ello suele darse que tal actitud pueda aparecer rentable. No es una regla pero sucede. Así, si protegido en el silencio y el anonimato, además se puede generar un ingreso que relativamente suele ser sustantivo, ¡quién va a dudar! Esos disimulos se han dado desde las más altas autoridades con verdaderos fraudes, hasta el policía de pueblo que no ve nada que no le convenga.
La corrupción impune de la familia Fox, de los gobernadores de Yucatán, Patrón Laviada, y de Morelos, Estrada Cajigal, y el Fobaproa serían un ejemplo de la complicidad en las más altas esferas.
Con éste, cuántos millonarios multiplicaron sus fortunas simplemente fingiendo quebrantos financieros en sus empresas. De esto la Secretaría de Hacienda del momento no se quiso enterar. El resultado fue que cada mexicano, de cualquier edad y condición signifique tener un adeudo ineludible de mil dólares. Esa es la magnitud del Fobaproa. Caso distinto sería, aunque a beneficio de los mismos caballeros, cómo evaden impuestos. Son magnitudes absolutamente exorbitantes, a ciencia y paciencia otra vez de la Secretaría de Hacienda.
La corrupción gubernamental también se beneficia de este ocultismo. No es uno el congreso estatal, la auditoría superior los que en automático aprueban todas las cuentas públicas, no ven mácula en las contrataciones de bienes y servicios o los consejos de las judicaturas respecto de las estructuras judiciales. La corrupción corre y corre pero nadie la registra y menos sanciona. Así, todos contentos.
También es a niveles locales, municipios y estados, donde ninguna autoridad advierte el enriquecimiento súbito de personas de forma inexplicable. Son evidentes hasta el absurdo los lavaderos de dinero y ninguna autoridad ejerce sus facultades inspectoras, que las tienen, cada una en su esfera. Por qué hablar si mi silencio vale oro.
Y así como bola de nieve, el crecimiento del delito se va dando, a la par que la corrupción de la sociedad: no veo, callo y gano. Y el trinomio miedo, complicidad y corrupción crece, crece. Pero la autoridad, como el propio presidente que vive necio en su lucha inútil, no se entera de lo que está frente a sus narices. Desprecian atacar la raíz de todo ello que es el flujo de dinero corruptor. Sencillamente, no quieren ejercer sus facultades, más esto toma un cariz más deleznable: Se niegan a cumplir con su deber. Quizá no se ha reflexionado lo suficiente sobre que la corrosión de la ética social pudiera no tener vuelta y hundir así el país en el reino de lo ruin.
… Suspensivos
Otra vez, por falta de inteligencia, el gobierno actuó a la defensiva. El control federal para Veracruz, como respuesta a decenas de muertos, al pánico a desplazarse durante la noche, los twitteros terroristas, la nulidad de autoridades locales, el lóbrego espectáculo de la invasión militar y más y más, ¿no pone a Veracruz en un estado de sitio, de suspensión tácita de garantías? Se actuó únicamente como respuesta, otra vez a la defensiva, ¿o alguien fue capaz de prevenir los hechos?
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