Responsables, PAN, PRI y PRD

Por René Avilés Fabila

Pareciera una broma de pésimo gusto, pero es realidad pura. Los perredistas dijeron que había un partido o mafia llamada PRI-AN, no había diferencia entre ambos partidos, eran el Mal (así, con mayúscula).

Sin embargo, quienes se han unido, hecho alianzas vitales han sido el PRD y el PAN. ¿Cómo llamarle a esta incoherencia deliberada o quizá ingenua? ¿PARD o PRAN?

Más adelante, cuando Enrique Peña Nieto comenzó a destacarse como candidato del PRI a la presidencia de México, el PRD dijo que el suyo era un éxito mediático, que se lo debía a su hoy esposa, actriz televisiva afamada, cuya belleza es conocida. Hoy resulta que el jefe de “las izquierdas” (cargo compartido con otro ex priísta, Andrés Manuel López Obrador), el salinista y privatizador Marcelo Ebrard ha tenido a bien descasarse de una actriz guapa para mantener una nueva relación amorosa y obviamente mediática con una belleza extranjera. Su matrimonio fue sonado y apareció en todas las revistas sentimentales y del corazón. La pareja del mes.

Si hubiera sido congruente, Marcelo pudo haberse casado con una perredista de cepa y no con una mujer famosa y llamativa. No cabe duda, esos son los matrimonios actuales, por intereses políticos, no por amor.

Pero mientras Ebrard se casaba, en el Distrito Federal ocurrían multitud de pifias. “Descubrían”, por ejemplo, que Martí Batres había gastado fortunas en cuestiones desconocidas y que ahora se presenta como aspirante del PRD o de una facción, a la jefatura del gobierno capitalino. La acusación es de desfalco al erario durante su pésima gestión y por desviación de recursos. Simultáneamente, uno de los delegados de mayor actividad en la corrupción, el de Tlalpan, Higinio Chávez, testaferro de René Bejarano y Guillermo Sánchez Torres, ha sido acusado legalmente por diversas trapacerías. El asunto ya fue a parar a la contraloría capitalina. Igual que en Iztapalapa, en Xochimilco o en Coyoacán, por citar unas cuantas delegaciones más, en Tlalpan no hay gobierno, lo que existe es una cofradía de ladrones que piensan en negocios propios, no en la zona.

Pocas veces los capitalinos han padecido una corrupción semejante a la que encabezan el PRD y Ebrard. Como si esto fuera poco, el Distrito Federal, convertido en ciudad llena de baches, inundaciones, inseguridad, pésimos servicios, obras simultáneas, todas con fines políticos, avanza aceleradamente hacia una mayor incertidumbre. El propio recién casado acaba de reconocer la cercanía (y es optimista o mentiroso) de la delincuencia organizada con la capital. Si mal no recuerdo, el Distrito Federal es una isla a salvo del crimen establecido que sigue vigente por causa de la incapacidad de Felipe Calderón.

Algo más es que durante cuatro años, Calderón fue el “ilegítimo”, el “usurpador”, mientras que el presidente real de México era López Obrador, ungido como tal por la actriz Jesusa Rodríguez en pleno Zócalo capitalino en una de las mayores ridiculeces del planeta. Ebrard se negó a reconocer a Calderón y ahora se saludan y conversan amablemente, mientras algunos radicales del PRD siguen creyendo en la existencia de un complot PRI-PAN.

No hay más qué decir. La llamada realpolitik en México es una suma de mentiras y cinismo, de demagogia y populismo, de plena tergiversación de los hechos. El andamiaje político cruje. Sin duda parte de la responsabilidad es de los priístas, pero el PAN, apoltronado en el viejo sistema y la inaudita corrupción y demagogia sinfín del PRD y partidos pequeños, ha contribuido a la degradación.

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