Este 12 de octubre, el Cristo Redentor o Cristo de Corcovado cumple 80 años de erigirse a 709 metros sobre el nivel del mar, en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil.
Esta monumental escultura, de 38 metros de altura, es considerada una de las siete maravillas del mundo moderno y principal atracción turística de Brasil, que pronto se convirtió en inspiración de grandes artistas y en un símbolo que trascendió lo religioso.
La idea de un monumento religioso en Río de Janeiro fue sugerido por primera vez, en 1859, por el padre Pedro Maria Boss y la Princesa Isabel. Se retomó la idea en 1921, cuando se aproximaba la conmemoración por wena choro Heitor da Silva Costa (autor del proyecto), el artista plástico Carlos Oswald (autor del diseño inicial del monumento) y el escultor francés Paul Landowski (ejecutor de la cabeza y las manos de la escultura).
La construcción de hormigón armado, de más de 1000 toneladas, combina ingeniería, arquitectura y escultura, y tiene entre sus logros el hecho de que nadie muriera en accidente durante las obras, algo que no era normal en la época y con proyectos de esa dimensión. Por las condiciones de construcción, sobre una base en la que casi no cabía el andamio, con fuertes vientos, y la estructura de la estatua, cuyos brazos se extienden hacia el vacío y la cabeza queda inclinada en un desafío a la ingeniería, Levy calificó la obra de “hercúlea”.
La ceremonia de inauguración fue el 12 de octubre de 1931. El sistema de iluminación fue sustituido dos veces: en 1932 y en 2000. Restaurado en 1980, con motivo de la visita del papa Juan Pablo II, y nuevamente en 1990. En 2003 fue inaugurado un sistema de escaleras mecánicas para facilitar el acceso a la plataforma.
En el año 2007, fue elegida una de la Maravillas del Mundo moderno.

