Gira de esperanza
Por Manuel Espino
Si en un momento México ha necesitado que todos mantengamos la esperanza y la capacidad de luchar, es éste. Hoy que los noticiarios se han vuelto una crónica de la tragedia nacional, que tenemos amenazas para nuestra economía y que muchos líderes parecen limitarse a ver por sus propios intereses, en un pleno abandono de sus deberes éticos y sus mandatos constitucionales, el ciudadano debe dar un paso al frente.
Actualmente corremos el riesgo de que la apatía —proyectada en la abulia y el abstencionismo— sea la marca de la política nacional. ¿Para qué votar, si todos los candidatos son iguales? ¿Para qué participar, si los partidos están completamente alejados de la sociedad? ¿Para qué seguir creyendo en México, si el futuro nacional tan solo presenta amenazas? Esas son preguntas que millones de ciudadanos se repiten constantemente, abrumados ante el oscuro panorama de nuestra vida pública.
Aunque entiendo y respeto la actitud de los desesperanzados, no la comparto. Muy por el contrario, estoy plenamente de acuerdo con el pensador Stéphane Hessel, para quien “la peor actitud es la indiferencia”, pues en la apatía se pierde “uno de los componentes esenciales e indispensables que forman al hombre: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue”.
Hoy que se están dando acontecimientos que generan confusión y tensión social, la preocupación no debe ser seguida por la apatía, sino por una indignación constructiva.
Por ello, en lo personal he asumido el compromiso de celebrar una gira nacional que estimule la indignación de los mexicanos. Lo hago porque creo que no se trata solamente de expresar deseos, sino de asumir el compromiso de materializar acciones orientadas al bien común.
Hace tres años hice una gira en la que también emití una señal de alerta, para advertir el riesgo de diversos escenarios políticos que precisamente hoy padecemos.
En esta ocasión quiero estimular una indignación que no sea un grito destructivo, sino un llamado a que todos levantemos la vista por encima de la coyuntura o las ambiciones personales, para fijar la mira en el destino y no la anécdota pasajera de nuestra vida política. Es hora de pasar de la crítica estéril al ofrecimiento de soluciones; evolucionemos desde la catarsis hasta la formulación de propuestas viables.
Abrir puertas de esperanza
Tengo fe en México porque tengo fe en los mexicanos, en su capacidad de lucha y entrega, en que podemos renunciar a la triste condición de habitantes para ser —cada vez más— ciudadanos.
Espero que los diálogos libres y propositivos de esta gira hagan que cada vez más mexicanos se indignen, haciendo de su indignación el motor y la inspiración para seguir luchando cívicamente.
Recordemos que la indignación sirve para estimular el espíritu de lucha, de conquista, de lograr anhelos, de volver a empezar con renovadas esperanzas.
Fue desde la indignación que los mexicanos nos independizamos e hicimos una revolución. Fue desde la indignación que logramos la alternancia y avanzamos hacia un México con democracia. Ahora, espero que también desde la indignación salvemos los logros que aun conservamos y consolidemos ese país pacífico, próspero y justo que necesitamos y merecemos.
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