Entrevista a Agustín Cadena/Autor de Alas de gigante
La gente tiende a pensar que las leyendas son por definición mentiras. Y además asocian los tesoros con cofres llenos de monedas.
Si el tesoro no es eso y alguien se dedicó a buscarlo con un detector de metales, seguramente no encontró nada.
Alas de gigante
Por Eve Gil
Una de las voces más originales de la reciente literatura mexicana es la de Agustín Cadena, con un deslumbrante historial de obra publicada y prestigiados premios. Su más reciente novela, Alas de gigante (Ediciones B, México, 2011), es lo que algunos críticos sin imaginación denominarían, despectivamente, “novela juvenil”. Pero de un escritor que ha transitado elegantemente desde la literatura erótica hasta la gótica, pasando por cuentos infantiles, no puede esperarse sino una gran novela, llena de oscuros y apasionantes vericuetos.
“Tengo dos grupos de colegas: los que son escritores a secas y los que son escritores de literatura infantil y juvenil. Los primeros no conocen la obra. Los segundos han sido muy generosos en su recepción, me han leído y me han apoyado con entusiasmo”, responde Agustín cuando le pregunto cuál ha sido la recepción de su novela entre literatos.
Mi adolescencia triste
¿De dónde surge la idea de escribir sobre “niños tristes”, que experimentan diversos tipos de tristeza que, en algunos casos, como sería el de Iago, el personaje más complejo que algunos denominarían “el malo”, es más bien ira?
“La idea surgió —dice Agustín— de la observación y la introspección. Observar a los adolescentes me llevó a recordar cómo era yo a esa edad. Me di cuenta de que mi adolescencia fue una de las épocas más tristes de mi vida: me sentía inseguro, solo, incomprendido, y además me rodeaba de otros chicos así. En cuanto a Iago, creo que hay muchas maneras de expresar la tristeza: como adicción a las drogas, al alcohol, a la comida, al sexo, al trabajo; como misantropía, como envidia, como deseo de controlar a otros… Iago la expresa en forma de ira”.
Alas de gigante presenta una rica variedad de personajes. La mayoría son adolescentes; algunos adultos, pero destacan las mujeres, de todas las edades: “Me gustan mucho las mujeres, como seres de ficción o como personas reales, cualquiera que sea su edad. Me gusta observarlas, escucharlas, amarlas. De esos momentos de encuentro se nutren mis personajes. Pero creo que esto sucede no sólo en mis libros para jóvenes, sino en todo lo que he escrito: mis personajes femeninos son mis mejores personajes”.
Otro elemento clave de la novela es la Biblia, y concretamente el pasaje de Job, emblemático, cuando se trata de explicar las tragedias humanas, concretamente de las grandes pérdidas.
¿Qué tan importante ha sido la Biblia para nutrir la imaginación de Agustín Cadena?
“La Biblia —reponde— ha sido el gran libro de mi vida, y está presente de una manera o de otra en todo lo que escribo. Mira, por ejemplo, los títulos de algunos de mis libros: La lepra de San Job, Los pobres de espíritu, Las tentaciones de la dicha, La ofrenda debida, La rosa de Jericó, El libro de Mizraím… en todos ellos hay ecos bíblicos: alguna metáfora, algún símbolo, alguna referencia explícita o implícita.”
Cuando se habla de “niños tristes”, se tiende a asociarlos con emos. Agustín, sin embargo, no realiza la menor alusión a esto último: “El fenómeno emo implica una exacerbación de la emotividad con un efecto de ablandamiento del carácter y se presenta como un proceso de feminización de la cultura. No creo que lo femenino sea eso: esa debilidad, esa pasividad. Los personajes de Alas de gigante son lo contrario: son niñas fuertes, que creen en el valor de la acción y la voluntad. Incluso diría que hay ecos nietzscheanos en la novela. Nada podría estar más lejos, en este sentido, de la sensibilidad emo. La clase de tristeza en la que creen mis personajes no se manifiesta como una reacción de autoabandono, sino como una especie de pesimismo activo que ellos entienden como una forma de aristocracia espiritual: la del albatros de Baudelaire, que es el rey de los cielos, pero, en la tierra, “sus alas de gigante le impiden caminar”.
Manipulación ideológica
Pregunto al autor: cuando dices, refiriéndote a Iago, “no hay personas malas sino malas acciones”, ¿estamos ante la clave de por qué tus personajes resultan tan tangibles y entrañables? ¿Le huyes al lugar común de “buenos” contra “malos”, más común aun en las novelas juveniles de éxito como Harry Potter, por ejemplo?
“No le «huyo» —responde— a ese lugar común. Más bien lo critico y reacciono contra él. La literatura juvenil ha sido casi siempre (con la excepción de Philip Pullman y otros dos o tres) un artefacto de manipulación ideológica; de adoctrinamiento abusivo, y su poder se basa precisamente en esa visión maniquea de los buenos contra los malos. La literatura (no sólo juvenil) debe ser liberadora, y mientras crea en el blanco y el negro no podrá serlo; seguirá siendo un instrumento del poder”.
Agustín Cadena reside en Hungría desde hace varios años, lo cual necesariamente influye en su escritura: “Mis espacios narrativos son cada vez menos mexicanos; es un proceso inevitable en tanto que mi escritura se nutre de lo que veo todos los días. La ciudad donde transcurre Alas de gigante no podría ser una ciudad mexicana ni latinoamericana. Tal vez ni siquiera europea. Es un mundo soñado. No tiene nada que ver con los problemas actuales de la realidad mexicana, por lo menos no conscientemente”.
Alas de gigante deja algunos cabos sueltos: el misterio de la mamá de Marcelo… la relación de Lluvia y Flavio… el destino de Aristóteles y las consecuencias de las acciones de la maestra Adriana. ¿Planea Agustín Cadena una secuela? “Creo que en todas mis novelas hay cabos sueltos. Es mi idea de la vida humana: ninguna historia concluye; se interrumpen, pero no concluyen”.
www.trenzamocha.blogspot.com
