A partir de los 60 años, la mácula de la retina se puede afectar
Por Gabriel Gutiérrez
La principal causa en la reducción del sentido de la vista en personas de 60 años de edad en adelante es la afección de la mácula en la retina del ojo, padecimiento degenerativo por envejecimiento, afirmó la doctora Fabiola Hernández Núñez, médico adscrita al servicio de oftalmología en el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional Siglo XXI.
La especialista explicó que la retina es uno de los tejidos más importantes para la vista y también es la encargada de absorber la luz para transformarla en impulsos neuroeléctricos que se envían al cerebro, que interpreta lo que vemos.
Al centro de la retina se encuentra la mácula, una diminuta mancha oscura donde los pigmentos del ojo humano participan en reproducir la forma fina de los detalles y los colores de los objetos que vemos, detalló.
La degeneración macular, explicó la oftalmóloga, es una enfermedad incurable pero prevenible, ya que el epitelio pigmentado (tejido formado por células) de la mácula se daña y ocasiona que la vista no funcione en forma apropiada.
La mácula deja de llevar a cabo su función y empieza a acumular sustancias, llamadas drusas (manchas amarillentas del fondo del ojo). En muchos pacientes, a pesar de éstas, su agudeza visual sigue bien porque no se ha afectado directamente a la parte más especializada de la mácula, añadió.
La doctora Hernández Núñez indicó que cuando se padece esta enfermedad, aunque los pacientes no tengan ceguera total, pues conservan su visión periférica, su calidad de vida disminuye porque no pueden leer ni manejar.
Existen otros factores de riesgo que afectan el pigmento, tales como colesterol alto, tabaquismo (que envejece nuestros tejidos) y la exposición frecuente a los rayos del sol sin protección, ya que aun con los ojos cerrados, éstos atraviesan las estructuras corporales, abundó la especialista.
Este daño, advirtió, acompañado de la ingesta insuficiente de antioxidantes, aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas maculares. La herencia también influye, ya que la alteración de ciertos genes en la población predispone al paciente a un envejecimiento adelantado de la mácula.
En etapas tempranas, o fase seca, el tratamiento farmacológico indicado es de antioxidantes en dosis específicas. Se recomienda llevar una dieta diaria con base en pescados azules y vegetales de hojas verdes, frutas de diferentes colores; evitar alimentos procesados y reducir la ingesta, en lo posible, de grasas animales, además de utilizar aceites crudos como el de oliva, cacahuate o girasol, para mantener niveles bajos de colesterol.
En la siguiente etapa, o fase húmeda, existen diferentes opciones de tratamiento como el uso de láser y terapia fotodinámica. La doctora Hernández Núñez especificó que, en ambos casos, el Seguro Social enfoca las acciones a la prevención y cuenta además con un tomógrafo de coherencia óptica, que evita el uso de métodos invasivos con materiales de contraste para detectar cualquier cambio en el epitelio de la mácula.
Por ello, concluyó la especialista, las revisiones periódicas del oftalmólogo son necesarias, no sólo cuando ya hay problemas de visión, sino en forma preventiva, sobre todo si se tienen antecedentes familiares con pérdida visual de algún tipo.
RECUADRO
La gota se presenta más en hombres que en mujeres
La gota es una enfermedad inflamatoria articular recurrente que se asocia sobre todo al género masculino. Su causa es el depósito de cristales de ácido úrico en o alrededor de las articulaciones, principalmente en los miembros inferiores, en particular el dedo gordo, tobillo y rodilla.
El doctor Miguel Angel Saavedra Salinas, jefe del Servicio de Reumatología en el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional La Raza, dijo que aunque la gota puede hacerse crónica, la mayoría de las veces se da en ataques episódicos debido a que los cristales afectan una sola articulación.
La gota tiene un inicio muy agudo y doloroso, que cede de manera espontánea o con tratamiento en un lapso de dos o tres semanas, indicó el especialista en reumatología. Aunque pocas veces afecta varias articulaciones al mismo tiempo y es menos frecuente en las mujeres, en éstas se presenta después de la menopausia.
Se pensaba que la gota era una enfermedad de gente de posición socioeconómica alta, porque se asociaba con el consumo abundante de alimentos y vino. Sin embargo, el padecimiento puede darse en cualquier nivel socieconómico.
Gran parte de los niveles elevados de ácido úrico tienen que ver con el estilo de vida y alimentación. La concentración alta de éste es relativamente frecuente en la población por la ingesta excesiva de purinas (compuestos con nitrógeno que se forman en las células como parte del proceso metabólico y/o entran al cuerpo con los alimentos, y se degradan en ácido úrico), que se encuentran principalmente en carnes rojas, así como en las bebidas con fructuosa o endulzantes artificiales. Los diuréticos y las bebidas alcohólicas también pueden elevar los niveles de ácido úrico en la sangre.
La fase crónica de la gota se caracteriza por la acumulación de ácido úrico en las articulaciones, que provoca incluso daño irreversible al inflamarlas y destruirlas.
Los niveles normales de ácido úrico en la sangre tienen una constante: en el hombre, alrededor de 7.5 máximo y en mujeres de 6.5 miligramos como máximos. Cuando estos rangos se rebasan, las personas pueden desarrollar gota.
Este padecimiento, tiene dos fases de control una vez que se presenta un cuadro agudo de gota. La primera tiene como objetivo resolver los síntomas con antiinflamatorios, analgésicos o cortisona, según el grado de agresividad. En la segunda fase o de mantenimiento, se utilizan medicamentos para mantener bajo el ácido úrico. El manejo de este padecimiento requiere primero de reducir el ácido úrico sin medicamentos, para identificar las causas relacionadas con la alimentación y el consumo de fármacos.
La gota puede tratarse de manera satisfactoria en la mayoría de los casos, por ello es importante un diagnóstico oportuno y la identificación adecuada de las condiciones que pueden causarla.
