Calderón pretende enrarecer el clima político
Por Carlos Jiménez Macías
La desesperación de Felipe Calderón ante la enorme posibilidad del regreso del PRI en 2012 a la Presidencia de la República lo tiene aterrado. Y es que la prensa nacional publicó una entrevista del Ejecutivo con el periódico The New York Times, donde dijo que muchos miembros del PRI piensan que los tratos del pasado con el crimen organizado podrían funcionar ahora y que sería preocupante que esta opinión prevaleciera.
Pareciera que lanzar acusaciones sin ton ni son es lo único que le queda al Presidente, tras el evidente fracaso de su gobierno en su ineficaz guerra para combatir al crimen organizado. Que quede claro, no cuestionamos la obligación del Estado para combatir a la delincuencia, sino la forma en que lo ha hecho. La muerte de más de 50,000 mexicanos en su cruzada es prueba de ello.
Pero lo cierto es que estas declaraciones tienen otro destino. Todos lo sabemos. Lo que el Presidente pretende es enrarecer el clima político del país en vísperas de la elección presidencial. Sólo fue una declaración temeraria, muy imprudente e irresponsable de parte del jefe del Ejecutivo, quien lamentablemente continúa abandonando su posición de jefe de Estado para atacar a un partido político con una evidente y absoluta actitud injerencista en los procesos electorales, además de violatoria a lo establecido en la normatividad electoral.
Por eso, en el PRI le exigimos que saque las manos del proceso y abandone los ataques al partido. Que diga en qué se basó para decir que el PRI podría pactar con los criminales. Si sus acusaciones tienen sustento, entonces la pregunta que todos nos hacemos es ¿qué espera el Presidente para presentar las pruebas? Sin duda, los mexicanos estamos viviendo otra faceta de la lamentable e injustificada actitud del Presidente, en un momento sumamente inapropiado para ello, dado el tiempo preelectoral que hoy estamos viviendo.
También exigimos una disculpa pública al partido por sus declaraciones inminentemente electoreras, por inmiscuirse indebidamente en estos procesos, tratando infructuosamente de influir en los votantes. No se da cuenta de que la fortaleza que el PRI ha venido recuperando radica precisamente en los resultados de sus gobiernos, en la experiencia con que cuenta y en su congruencia política.
Los grandes problemas de México, como la inseguridad, el desempleo y la desigualdad, exigen acuerdos entre todos los actores políticos. Por eso es urgente abandonar las discusiones estériles provocadas por el Presidente, o vengan de quien vengan.
Rechazamos tajantemente que —de ganar las elecciones presidenciales del próximo año— el tricolor tenga la intención de negociar con el crimen organizado. Es absurda esa tesis, pero es más irresponsable hacer una afirmación de esa naturaleza, poco responsable y poco respetuosa, que sólo pretende desacreditar al PRI ante la posibilidad real que tiene de retomar las riendas del país.
Esta conducta del Presidente de la república sólo altera el clima político y dificulta los acuerdos, pues los torna más difíciles y delicados. Y vaya que son muchos y muy importantes los que faltan.
