Se solicitan traductores

Por Raúl Cremoux

A la manera en que la mayoría de los políticos hablan, bien convendría que utilizaran traductores. Cuando ven la marejada que provocan, reculan pasando la factura a otros. El señor Calderón cuando se siente fuera del país, ya lo haga directamente desde Las Vegas, en Madrid o regalando una entrevista a The New York Times, seguramente piensa que a los mexicanos nos impresionará que sus declaraciones vengan del extranjero. Lo que no esperábamos es que se refugiara exactamente en lo que hacía Fox; recordemos que tenía un intérprete que trataba de poner en castellano lo que había dicho anteriormente.

Así, don Blake, secretario de la Gobernación, ha dicho que su jefe no dijo lo que publicaron que dijo. Quiere que no se interprete su declaración como una liviandad destinada a convertirse en escaramuza electoral, antes bien, son los agraviados los que tienen que ofrecer explicaciones. Por supuesto, el defensor de Calderón también requiere de traductor.

Desde su natal predio regiomontano, Sócrates Rizo, ex gobernador, aclara que lo que dijo meses atrás era otra cosa, que la negociación era entre un presidente fuerte y los gobernadores, jamás con las bandas de traficantes. Aquí el traductor era obligado.

El gobernador Godoy de Michoacán dijo que se aplicaría la ley y se aplicó de tal manera que su medio hermano Julio César, presunto implicado con la mafia de la Tuta, está prófugo después de haber gozado de una aventurilla en la Cámara de Diputados donde el PRD le hizo el paro.

¿Por qué el michoacano no se valió de un intérprete?

A Mauricio Fernández, alcalde panista de San Pedro Garza, se le llenó la boca cuando dijo en su momento estar de acuerdo en realizar un pacto con los narcos. Y Fox no se aguantó al declarar que con las bandas criminales había que llegar a un arreglo para vivir en paz y vio con buenos ojos ofrecerles la amnistía. Obviamente no pudo explicar más. Y en los dos casos lo que hubieran necesitado se concretaba en un par de asesores que explicaran con quiénes pactarían.

El remolino de palabras cruza en círculos el país ya que a lo iniciado por el señor Calderón nadie le encuentra el puerto a donde debiera llevarnos. El sí se reserva dar los nombres de quienes, como declaró en el Castillo de Chapultepec, le aconsejaban no meterse con los narcos y con ello dejar de cumplir con la Constitución.

Esto último sin traductores ni intérpretes.

 

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