¿Quién orquestó la rechifla?
Por Raúl Cremoux
Seguramente era sincero cuando decía una y otra vez que no le interesaba otra cosa que no fuera estar detrás de una computadora en la Secretaría de Hacienda; pero una y otra vez lo empujaron hasta que finalmente dijo que se lanzaría pero que tal hazaña no tenía motivación personal sino que era para complementar y dar fuerza al proyecto que inició Felipe Calderón.
Tales son los pañales de la precandidatura de un tecnócrata que a leguas se ve que se siente incómodo en los mítines y en los obligados baños de pueblo. Sus gestos son acartonados y la sonrisa a las claras es obligada. Y ahí va. Hace lo que puede y dice también lo que cree o le dicen que es correcto, por ejemplo, el que vestirá pantalones de hombre rudo o que el PAN está más vivo que nunca. Lo que podría ser su fuerte son los números, las estadísticas, las teorías fiscales, pero no las respuestas a los múltiples micrófonos que los reporteros le ponen enfrente. Lo aturden pues él es un hombre de gabinete y de reuniones pequeñas en salones afelpados y en mesas de finas maderas.
¿Para qué lo metieron en semejante lío?
Si como afirman 99 de cada cien expertos es el hombre del presidente, ya que no está Juan Camilo Mouriño, el Iván que Calderón admiraba, en algún momento el Presidente tendrá que admitir su error: Ernesto Cordero no está hecho para sufrir los apretones y los desaires de la plebe. Ahí está su cara agriada ante los abucheos que recibió de dos o tres mil panistas en Guanajuato. En esa reunión no había gente de otros partidos, no estaba en un cuadrilátero rodeado de adversarios. Se suponía que al menos le brindarían un tibio aplauso. ¿Por qué lo hacen sentir rechazado al punto que no subió como sus camaradas de partido al pódium?
Quizás en el PAN se dan cuenta de que no tiene peso ni trayectoria para ser su representante o bien el gobernador Juan Manuel Oliva orquestó la rechifla para que piense que bien haría en declinar a favor de quien fue ovacionada a gritos: Josefina Vázquez Mota. ¿Pudo haber sido algo mayor?
Los panistas deben estar entre preocupados y decepcionados. Los aspirantes a representarlos carecen del empaque que han tenido otros de sus abanderados como Diego o como Vicente. ¿Por qué no le brindan un mayor apoyo a Santiago Creel y acaso dudan que tener a una mujer como candidata no es suficiente para ganar?
Como sea, los panistas están tan aletargados que Felipe Calderón con frecuencia deja de ser presidente del país para convertirse en su animador y rescatador de sus valores extraviados. Ahí está el llamado a recuperar la ética, misma que nadie la encuentra cuando se trata de privilegiar al sindicato de maestros o de regalar millones a lo que queda de un sindicato de electricistas que mereció todo tipo de denuestos presidenciales y de todo su gabinete.
¿Quién en el PAN está satisfecho con lo que les ocurre?
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