En Chile, Gran Bretaña, Francia, Israel, Italia…
Por Jorge Carrillo Olea
Dada la desastrosa situación que vivimos, la sociedad demanda cambios. No en el gastado término publicitario electoral. Demanda cambios profundos en la vida nacional que nos retraigan a épocas de las satisfacciones que otrora disfrutamos y nos proyecten a un futuro promisorio.
El pueblo se muestra crecientemente sensible y reactivo, aunque todavía sea una repercusión insuficiente y tardía. Una característica de esta sociedad ha sido su pasividad, resignación y tolerancia, así como sus limitaciones para agregarse, para organizarse.
Las cosas están cambiando, principalmente los jóvenes se preguntan: ¿cómo, tras quién, con qué expresiones? Es una sociedad que despierta acuciada por la desesperación. Se requeriría de todo un ejercicio de reflexión o de investigación para calibrar los sentimientos de un padre desempleado, del que ha perdido un hijo, de un joven que topa con que las puertas están cerradas, de un adulto de más de 40 años que encuentre a que esa edad, con su experiencia, se le responde que ¡ya es muy mayor!
Estas serían expresiones citadinas, pero el campo no abriga realidades distintas en esencia. Cunde el desencanto, la desesperación y agregar a ello de manera agregada lo que no hay en otros países: un enorme miedo.
Ante esa compulsión y todavía sin saber qué o cómo hacer, surge el luminoso ejemplo de los indignados. Los movimientos sociales ya de impacto universal que están despertando ejemplarmente al mundo.
Es España y Francia, es Israel y Gran Bretaña, Italia, Chile. Están presentes en urbes como Nueva York, Washington, Boston, Filadelfia, Los Angeles, Chicago, Miami, Dallas y en más de 60 ciudades de ese país. Los llamados indignados se suman a las manifestaciones que dejan sentir su mensaje de inconformidad en 71 países de todos los continentes. No se habla así todavía pero es una seña más del capitalismo universal en declinación. Un neoliberalismo de peso universal, iniciado por Reagan y Tatcher hace veinte años.
Hablan los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes, los que quieren un cambio y un futuro digno. Hablan los justamente aterrados. Están hartos de reformas antisociales, de que los dejen en el desempleo, de que los bancos que han provocado la crisis suban las hipotecas o se queden con sus viviendas, de que se impongan leyes que limitan la libertad en beneficio de los poderosos. Acusan a los poderes políticos y económicos de su precaria situación.
Cada país, cada ciudad, tiene sus propios pesares, sus propias causas y sus propios discursos, pero hay una línea transversal a través de todos ellos: sus dirigencias políticas y sociales no son instrumentos para manifestarse.
Los partidos políticos y ciertas organizaciones intermedias con sus líderes y corporaciones, sus diputados, senadores y delegados nada pueden trasmitir, viven en otro mundo, encumbrados en su soberbia y su insensibilidad, en su protagonismo, por eso el pueblo los desborda dando un alerta de que se puede ir más allá de la indignación.
En México recién nos amanece. Todavía estamos trabados por la inmovilidad, por el conformismo, por la queja estéril. Sin embargo, los tiempos de agitación a los que estamos entrando serán ocasión propia para el despertar.
En materia de seguridad las reuniones en Chapultepec ya evidenciaron su esterilidad, sin embargo, Javier Sicilia será un jalón histórico en este reciente modo de reclamo. Surgen en la capital nacional, casi ayer, convocados por la desesperanza aún pocos cientos que pronto serán miles.
Debemos alentar más movimientos, dinámicos o sedentarios pero representativos y sobre todo de la firmeza y permanencia requeridos.
Es un proceso de aprendizaje del que otros países podrían dar muestra. Hay movimientos reivindicadores de mil agravios, desde proabortistas hasta desempleados, de víctimas del crimen hasta en pro de la liberación sexual.
Las causas son heterogéneas pero impulsadas por actitudes antisociales en el fondo, eso es lo que nos puede vincular y como siempre, nuestra recurrente adversidad, hay una carencia lamentable de liderazgo.
hienca@prodigy.net.mx
