Son de la Negra para emular lo mismo que ha provocado
Por Raúl Cremoux
Ni duda cabe que el presidente Felipe Calderón tiene alma de huapanguero, según sea la tonada y la letra, o de mariachi, si de rancheras se trata. Durante la reciente Cumbre de Negocios en Querétaro, fustigó a los legisladores y los conminó a romper miedos, quietarse de mitos y prejuicios para sacar adelante las reformas que son necesarias.
Al escucharlo, lo primero que llama la atención es preguntarse qué ha hecho un político experimentado, como él, para negociar y tender puentes con los diputados y senadores que no son de Acción Nacional. Si nos atenemos a los resultados, él tendrá que admitir que el resultado es muy pobre y que en el camino de su administración no han sido pocas las veces que ha lanzado dardos envenenados con quien hubiera podido aliarse, para lograr esas reformas e incluso mucho más a fondo que las muy superficiales obtenidas en las del ISSSTE o la de petróleos.
Difícilmente se puede lograr algo cuando con el partido que no lo reconoce como presidente legítimo y lo insulta se alía electoralmente para, a su vez, poner como trapo viejo y sucio con quien podría obtener mayorías en el Congreso y con ello ofrecer resultados ventajosos para la población.
¿Esperaba acaso el señor Calderón que poniendo piedras y rocas mayores entre él y los priístas se pudiera avanzar? Y en el colmo saliera con la letra de nuestra gustada canción ranchera el Son de la Negra para emular lo que él mismo ha provocado.
De lado o mejor aún, al ignorar la medianía de lo recién aprobado en la reforma política, la pretendida reprimenda a los legisladores, intenta anular mucho de lo logrado, por ejemplo, las candidaturas independientes que abren espacios semejantes a lo hecho en otros países que han llevado a candidatos ciudadanos a la Presidencia, como en el caso de Alberto Fujimori en Perú; la consulta popular, la iniciativa ciudadana así como la preferencial, ratificación de comisionados de órganos reguladores del Estado y sustitución del presidente en caso de ausencia. Por supuesto aún faltan más pero el señor Calderón fustiga sin matizar ni conceder pasos alternos en la consecución de resultados que se logran sin su participación adecuada, que como poder ejecutivo debería entablar con los legisladores.
Si a sones de canciones rancheras el presidente de la república hace alusión, debe tener cuidado con las decenas de baladas y trovas que la oposición puede seleccionar para responderle. Mejor haría en deponer los signos belicosos en los que con frecuencia se monta y buscar el entendimiento, la eficacia y la concordia.
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