Métodos de selección de candidatos

Por Carlos E. Urdiales Villaseñor

Debido a los tiempos que el código electoral marca, los partidos políticos deben, a través de sus órganos de gobierno, de informar los métodos mediante los cuales eligirán a sus candidatos a diputados, senadores y presidente. El cumplimiento de esta norma nos ofrece segundas lecturas.

La definición que el PAN asuma tiene dos muy claras proyecciones. Hacerlo por la vía en que el partido en el gobierno siguió hace 6 años, elección entre sus militantes y miembros adherentes, un cuestionado padrón oficial de casi un millón 800 mil ciudadanos, representa el camino por donde Ernesto Cordero puede transitar mejor. El control y sobre todo, la influencia que el mismo presidente Calderón y su esposa pueden incidir es reconocido.

Si bien resulta ligero decir que todo lo pueden decidir en Los Pinos, es cierto que deja como elemento secundario, por el momento, los niveles de popularidad que traen consigo los otros dos aspirantes, la diputada Josefina Vázquez Mota y el senador Santiago Creel. Y eso no es poca cosa. Digamos que la elección cerrada abre las posibilidades de Cordero para ir paso a paso, primero convencer a los de casa y aprovechar la campaña interna para de ahí salir fortalecido a la constitucional. Dos meses de debates y cobertura le pueden ser de mucha utilidad y gana tiempo para que desde otras trincheras “amigas” surjan apoyos operativos importantes.

La elección mediante una consulta abierta es la ruta preferida por la po­pular Josefina Vázquez Mota. El pro­blema con ese camino es la logística, el costo y el blindaje para que no sean otras movilizaciones, ajenas al PAN, las que inclinen la balanza. Creel también gana con esa definición, pero las aspiraciones del senador con licencia tienen otros flancos que cuidar y hasta que negociar.

En el PRI ya se supo. Irán a una consulta abierta el próximo 22 de febrero. Al tricolor le resta operar de aqui a diciembre la decisión que tome el senador Manlio Fabio Beltrones. ¿Cómo hacerse indispensable sin fracturar la unidad partidista? ¿Hasta dónde puede estirar la liga que le garantice poder a él y a los suyos? Y lo más importante, ¿irá de retador contra el campeón indiscutible en popularidad, conocimiento y preferencias? El CEN priísta tiene claro que no puede perder el tiempo y proyección que la contienda interna le brindará, pero ¿Beltrones jugará de anticipado perdedor?

Por el momento, los foros que organiza la Fundación Colosio son aprovechados para fortalecer la unidad a partir del espontáneo control de los ánimos peñistas. Sirven para preparar una plataforma y programa de oferta electoral. Y también para perfilar rutas de escape, rampas de emergencia para cuando éstas se requieran. ¿Una candidatura para el gobierno del Distrito Federal? El destape de Beatríz Paredes para esa posición puede ser un dique de contención interna, apartar el boleto para cuando en verdad haga falta usarlo como elemento de negociación, sobre todo del poder futuro del ex gobernador me­xiquense.

Mientras tanto, el escándalo provocado y amplificado intencionalmente de las declaraciones del presidente Felipe Calderón a The New York Times le vino al PRI como regalo del cielo. Un asunto perfecto para seguir sin ofrecer definiciones claras en la materia, política pública respecto a la legalidad y seguridad interna, y acusar desde ya, de ser víctima de una guerra sucia desde el mismo poder presidencial. Le dio parque. Y para rematar, Vicente Fox propone una amnistía con los narcos. Fin del debate. ¿Son los priístas o son panistas los que piensan en negociar el imperio de la ley? Una vez más el ex presidente juega de tonto útil contra su partido; si es en verdad el PAN su partido.

En el PRD y partidos que de repente lo acompañan, sí, proque ya se vio cómo en el caso del atorón legislativo para designar a los tres consejeros faltantes en el IFE tanto PT como Convergencia, ahora llamado Movimiento Ciudadano, jugaron con otros, con los representantes de la mafia, pero lo que estos memebretes hacen en el legislativo corre por distintas decisiones en lo electoral, en todo caso, el siempre difícil consenso izquierdista apunta ya a un acuerdo de dos que será de encuestas para saber quién de esos dos, Andrés Manuel López Obrador o Marcelo Ebrard es el candidato.

Falta saber cuántas encuestas, quiénes las levantarían y cómo se estructurarán. Y después, pero no menos importante en esa guerra interna, es el reparto tribal de cuotas. Las candidaturas a los demás cargos de elección, incluida la candidatura para el Gobierno del Distrito Federal, donde todo apunta que el método bueno para definir la presidencial no lo será para la local. Y por si fuera poco, López Obrador ha sido claro en reclamar una rebanada grande de esas listas para su Morena. Las proyecciones reales de triunfo y for­talezas hacen que esa discusión se convierta una vez más en una reyerta sin muros de contención.

Hay de métodos a métodos. Cada uno implica retos, pero sobre todo, cada uno revela pugnas por el poder que todavía no se conquista.

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