Tras la derrota en Michoacán

René Avilés Fabila

La derrota del PRD en Michoacán tendría que ser objeto de un profundo análisis po parte de los partidos involucrados directamente. El propio Leonel Godoy, con ingenuidad o con desfachatez, dijo que deben hacer un balance autocrítico. En realidad, esta reflexión debe centrarse en su pésima gestión y extenderse por todo el país. Queda claro que los únicos lugares donde hay presencia perredista, como el Distrito Federal, deben llevar a cabo una recomposición severa. De lo contrario, se derrumbará como partido que afirma tener una postura izquierdista. De hecho si hoy nos atenemos a las encuestas, las pérdidas han sido cuantiosas. De nuevo al tercer lugar, con un porcentaje que fluctúa entre el 15 y el 17, 18 por ciento a lo sumo. Falta saber si la candidatura de Andrés Manuel López Obrador le atrae, como en el pasado proceso electoral para presidente, una copiosa votación que, francamente, pocos esperan. El milagro se escapó entre ofensas, mentiras y una desmedida corrupción.

Pero hay un hecho poco cuestionado: el PRD ha dejado de ser importante para el propio López Obrador. Recordemos que durante todos estos últimos meses centró su trabajo en Morena, el PT y ex Convergencia. En el recuento descubrió que era indispensable ofrecer un rostro nuevo y no más perredismo. Además, de muchas formas ejercía un control a través de las más violentas mafias del partido, léase Bejarano y Padierna. El cálculo fue atinado y derrotó a Ebrard, quien ofrecía ya un discurso menos impetuoso, que mostraba su manejo de la diplomacia al viajar a conseguir contratos e inversiones en el extranjero, concretamente en Kuwait.

El PRD parece un organismo que dará paso a una nueva organización cuyo eje sería Morena, por completo obradorista. En esta nueva posibilidad, se dejaría de lado al PRD que se ha hecho célebre por sus acciones violentas y por los altísimos niveles de corrupción. No dejemos de lado que el propio Leonel Godoy padece a un medio hermano, diputado federal para más información, acusado de narcotraficante. Morena, en cambio, a los ojos de muchos es un movimiento impoluto, con un poderoso caudillo al frente que sabe mentir con naturalidad.

Por ahora el PRD todavía tiene un cierto valor, el legal, que le permite acceso a los dineros del Instituto Federal Electoral y a darle visos de honorabilidad a las acciones que lleva a cabo. Pero en términos reales, el PRD no tiene mayor utilidad, al contrario, causa malestar en la mayoría de los mexicanos y así lo indican en las encuestas. Al parecer hemos presenciado ya una suerte de refundación, un acto de magia: López Obrador que parecía tan distante del PRD, peleado con sus dirigentes, ahora reaparece como líder supremo, sus antiguos rivales enmudecen y se prestan a serle de alguna utilidad. Morena ha desplazado al perredismo. Sólo falta fecha para sus funerales. Gane o pierda las elecciones presidenciales que siguen, López Obrador acabará por desaparecer el partido que lo postula por segunda vez candidato a Los Pinos, la obra de Cuauhtémoc Cárdenas, hoy incómoda conciencia de quienes lucraron con el partido.

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