Alexander Serikov

Hay cosas en este mundo que provocan perplejidad, asombro y hasta shock. ¿Qué sentiría usted al enterarse de que la persona a quien acaba de conocer, consume cuchillos, encendedores, jabón y hasta un sofá? Se quedaría con la boca abierta. Seguramente no lo va a creer ¿no és así?
Sin embargo existen casos en todo el mundo cuando las personas comen clavos, vidrio, plástico y otras cosas no comestibles. Resulta que el organismo humano no está suficientemente estudiado y a veces presenta sorpresas que dejan sin aliento a los médicos más experimentados.
El ejemplo más reciente de una persona que traga cosas metálicas es un habitante de Serbia, Branko Tsrnogorats. Durante los últimos 20 años este señor, según sus propios cálculos, comió  aproximadamente 12 mil tenedores, 25 mil focos, cerca de 6 mil placas vinílicas, 2 mil 600 platos y 2 mil cucharas. Branko, jubilado de 80 años de edad, contó que obtuvo esta costumbre gastronómica tan rara cuando tenía agruras y un amigo le aconsejó consumir arena para combatir este mal. El serbio siguió el consejo de su amigo y tuvo éxito. Le pareció entonces que puede comer cualquier cosa, por ejemplo, focos. Le gustó esta comida y poco a poco comenzó a consumir objetos que nunca antes se hubiera imaginado comer. Pero llegó el momento en que el pobre de Branko sufrió un revés cuando trató de comerse su bicicleta. Se atragantó al tratar de consumir el pedal y fue trasladado al hospital donde le sacaron de sus tripas cerca de dos kilos de objetos de metal. Entre ellos – dos anillos de oro.
Otro caso insólito es de la holandesa Margaret Daalman quien tragó 78 cubiertos. Es secretaria y trabajó en una inmobiliaria de Rotterdam cuando se sintió fuertes dolores en el abdomen. Los rayos X indicaron la presencia de muchos objetos raros en sus intestinos. Ella informó a sus médicos que una vez se sintió la necesidad de comer un poco de plata y no pudo contener su apetito.
Los cirujanos iraquíes sacaron del estómago de su paciente 52 encendedores. Después de la cirugía el paciente fue trasladado al hospital siquiátrico. Los familiares del paciente Abas Ezzeddin contaron que él era militar y cuando regresó de la guerra vivió muy aislado y casi no salía de su casa. Cuando Abas fue encerrado en el manicomio mucha gente vino a venerarlo como a una persona bienaventurada.
Otro caso es de un chino llamado Wu Lie de la provincia de Sinkiang quien fue internado en un hospital después de tragar 30 cuchillas de rasurar, 15 tijeras para cortar uñas y algunas decenas de clavos. Una vez operado, el chino confesó que había tragado estos objetos siguiendo el ejemplo del ninja que tragaba espadas. Durante casi un mes Wu Lie trató de estudiar el arte de tragar objetos agudos y los entrenamientos se acabaron en un hospital donde los cirujanos gastaron cinco horas para sacar de su estómago todos los objetos de metal, algunos de los cuales ya quedaron oxidados.
Pero no solamente los objetos de hierro atraen a algunas personas de extraños gustos gastronómicos. La estadounidense Adel Edwards durante muchos años comió sofás. La adicción a este mueble apareció en su niñez y ella como un verdadero gourmet goza de esta comida inusual, siendo el forro de una sofá tan delicioso como el mejor manjar. Otra norteamericana de nombre Tempestt Henderson consume con mucho gusto toda clase de detergentes y jabones.
Los médicos dicen que esta adicción puede ser provocada por la enfermedad conocida como la de Cicero cuando la persona que siente la falta en su organismo de algunos minerales o microelementos comienza a consumir tales cosas como papel, arcilla, lodo, pegamento, carbón y otras cosas de poco apetito. Pero ¿los metales? ¡Que fuertes dientes tiene que tener una persona adicta al hierro!