Carlos Guevara Meza

Con la renuncia de Silvio Berlusconi a la jefatura del gobierno italiano llegan a su fin 17 años en que fue el protagonista indiscutible de la política de su país, aún cuando no estuvo al frente del gobierno durante todo ese tiempo. Su legado no podría ser más catastrófico: una situación económica desastrosa, una deuda gigantesca y una estela de corrupción y escándalo que se convirtió en el modus operandi de la política italiana. Berlusconi, que entre sus negocios y el poder político, llegó a controlar el 100 por ciento de la televisión de ese país y hasta un tercio del sector editorial, se va del gobierno sin haber cumplido una sola de las promesas de modernización económica y social que hizo al principio de su carrera política. Y ello está en la base de la crisis que tiene a la tercera economía de Europa contra las cuerdas y a Europa misma al borde del colapso.
Cuando la mala calificación de la deuda italiana sobrepasó a la que había llegado a tener Grecia (motivo por el cual fue literalmente intervenida por la Unión Europea), Berlusconi aún se ufanaba de tener todas las soluciones, pero no fue así. Para lograr la aprobación de las medidas económicas que había pactado con la Unión Europea para evitar el colapso, se vio obligado a poner su renuncia sobre la mesa. Algo que se veía venir desde hace tiempo pero que la clase política italiana no había conseguido, en gran medida por creer que el estilo Berlusconi era el mejor, por comportarse igual que él, perdiendo así la confianza no sólo de su electorado sino también de los mercados. Que Mario Monti, un ex funcionario del Banco Central Europeo (BCE) y del banco Goldman Sachs, es decir, un tecnócrata, haya tenido que ser llamado de urgencia por el presidente italiano Giorgio Napolitano y nombrado por él senador vitalicio para introducirlo al juego institucional y blindarlo de la politiquería parlamentaria, es un reconocimiento de la clase política italiana de que no hay entre ellos ni uno solo que pueda generar la confianza necesaria para sacar al país de la crisis.
Por cierto y para documentar el pesimismo, Goldman Sachs fue una de las empresas que iniciaron la crisis financiera internacional en 2008 y tuvo un papel protagónico en el ocultamiento del déficit griego que llevó a la crisis a ese país.
Mario Monti asume como primer ministro y tendrá que arreglar un desbarajuste mayúsculo, en una coyuntura donde el bono de credibilidad que implicó la caída de Berlusconi se desvaneció en cuestión de horas. En efecto, el mínimo repunte inicial de las bolsas de valores del mundo ante la noticia, no duró casi nada en cuanto salieron a subasta nuevos bonos de deuda soberana italiana. La escasa demanda obligó a elevar la tasa de interés hasta un impagable 6.29 por ciento en los bonos a 5 años, tendencia que no se corrigió ni con el anuncio del BCE de que adquiriría deuda italiana. Ello hizo también descender los bonos españoles en los mercados. La canciller alemana, Angela Merkel incluso declaró que se estaba convirtiendo en la peor situación de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Se va Berlusconi, pero por el momento y quién sabe por cuánto tiempo más, el único cambio que verán los italianos será que no aparecerán en los diarios las imágenes de las bellas mujeres que, previo pago, asistían a sus orgías.