Se reunió el primer mandatario con la jerarquía católica

Humberto Musacchio

Crece cada día la influencia de la Iglesia católica de Roma en las decisiones del gobierno mexicano. En los últimos 134 años nunca habían estado tan cerca el poder religioso y el civil, pese a que éste debe ser laico por mandato constitucional.

Sin embargo, ante el completo fracaso de este “gobierno”,  mucha debe la desesperación como para esperar que el Altísimo impida su derrota en 2012.

Por lo pronto, la noche del pasado lunes 7 de noviembre, en la residencia presidencial de Los Pinos, el señor Felipe Calderón se reunió con todos los obispos y arzobispos del país, quienes bailándose un zapateado sobre la Carta Magna dijeron que “es factible ofrecer clases de religión en las escuelas públicas si así lo desean los padres de familia” (Excélsior, 9/XI/2011).

Los dignatarios eclesiásticos señalaron que “el sistema educativo está en crisis y requiere cambios enfocados a la calidad y preparación de los estudiantes”, cambios que, debemos suponer, caerán del cielo si se permite a los señores sacerdotes lo que proponen: “educar evangelizando y evangelizar educando”, como lo hicieron con tanto éxito en el siglo XVI.

Pero aquellos, se dirá, eran otros tiempos, pues si un indio seguía adorando a sus dioses, caía sobre él la furia sanguinaria de los conquistadores, que con la bendición eclesiástica mataban de un tiro de arcabuz o con arma blanca al “idólatra”, que igualmente podía ser antes sometido al humanista trato del “aperreamiento” (ejecución por destazamiento mediante perros amaestrados) o a la infinita y refinada variedad de torturas de la Santa Inquisición.

No creemos que se atrevan a repetir aquellos numeritos, pero nadie puede estar seguro de que no ocurra cualquier abuso, pues de entrada resulta abusivo que en las escuela que sostenemos entre todos los contribuyentes —católicos y no católicos— se impongan las clases de religión.

Como es previsible, los no católicos se opondrán a ese abuso, y quizá entonces se pretenda volver al siglo XVI y a los humanistas procedimientos antes dichos para hacer obligatorio lo que únicamente corresponde a la libre voluntad de cada quien.

En fin, que ante la ineptitud, corrupción y barbarie del panismo —50 mil mexicanos asesinados en menos de cinco años—, la Iglesia romana se apresta a dar una batalla decisiva a favor del PAN.

En su apoyo vendrá “en la primavera” de 2012 el papa Ratzinger, en plena campaña electoral. Pero será inútil. La mochería panista ya está derrotada y en este caso ni Dios la podrá salvar.