“Presidente de América”, lo llamó Neruda

Humberto Musacchio

 

El Senado de la República decidió imponer a Cuauhtémoc Cárdenas la Medalla Belisario Domínguez. Había otros candidatos con mérito amplio para recibirla, pero la llamada Cámara alta decidió que la distinción debía entregarse al ingeniero Cárdenas por abundantes razones.

Imposible olvidar que en 1988 Cuauhtémoc abandonó el PRI y encabezó con Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez la mayor ruptura que ha experimentado ese partido, el cual durante décadas albergó lo mismo a políticos entreguistas que a la corriente nacionalista y socializante que tiene como indispensable referencia la figura y actuación de Lázaro Cárdenas, el Presidente de América, como le llamara Neruda.

Antes de 1988 Cuauhtémoc había sido brevemente senador, subsecretario Forestal y de la Fauna (1976-80) y gobernador de Michoacán (1980-86). Por actuación y por estirpe, aspiraba legítimamente a ser candidato presidencial, lo que en muchos mexicanos despertaba la esperanza de un cambio en beneficio popular. El resto de la historia es conocido: Miguel de la Madrid, con su proverbial mediocridad, fue incapaz de contener la imposición de Carlos Salinas de Gortari, hombre grato a los intereses imperiales, y los priístas patriotas agrupados en la Corriente Democrática acabaron por abandonar el que había sido su partido.

Es en los momentos de crisis cuando se mide la estatura real de los seres humanos. En el México aquel, donde contradecir al “Señor Presidente” significaba la marginación, el desempleo y hasta la eliminación física, Cuauhtémoc tuvo los arrestos suficientes no sólo para encabezar la mayor escisión sufrida por el PRI, sino para agrupar fuerzas tradicionalmente sumisas y plantearle al poder el mayor reto en más de medio siglo.

Tres veces candidato presidencial, principal fundador del Partido de la Revolución Democrática, ganador de la elección local de 1997 que conquistó el gobierno del Distrito Federal para la oposición de centroizquierda, a Cuauhtémoc Cárdenas debemos los mexicanos haber acabado con el viejo régimen y conquistado la relativa democratización en que hoy vive el país.

Si Carlos Salinas de Gortari, para legitimarse, cedió al PAN las gubernaturas de Baja California, Guanajuato y San Luis Potosí, la decisión se debe en buena medida a la inmensa presión política y la fuerza moral del movimiento popular generado y encabezado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, un hombre que ya se ganó un lugar entre lo mejor de la historia de México.