Solo su condición de estricto musulmán impidió a Nasir Abas celebrar con champaña la caída de las Torres Gemelas. Aquel día se encontraba reunido con los principales miembros de su célula terrorista cuando la televisión mostró las imágenes del ataque en Nueva York. Gritos de “Alá es Grande” recorrieron la habitación. Hubo abrazos y lágrimas (de alegría). “¿Qué sentí?”, dice Abas haciendo una larga pausa antes de responder. “Sentí que se había hecho justicia”.

Nada queda hoy del hombre que en 2001 formaba parte de la cúpula de Yemaa Islamiya, el brazo armado de Al Qaeda en el sureste asiático. Nasir Abas llega a la cita con EL MUNDO.es con un iPad bajo el brazo, busca un  lugar discreto donde hablar y comenta que ha dejado en casa a su mujer y sus cuatro hijos. Una vida de lo mas ordinaria para el hombre que se atrevió a traicionar a Al Qaeda.

 

Y vive para contarlo

 

Abas  ahora trabaja para la policía indonesia en un programa de desradicalización de terroristas. Recorre las cárceles, se reúne con algunos de los militantes islámicos más sanguinarios del mundo y trata de convencerles de que ha llegado el momento de dejar la violencia. A muchos de ellos los entrenó él mismo. “Confían en mí y saben que no trataré de tocar su fe, solo su lado humano”, dice.

 

El ex militante, de 42 años, cambió de bando tras ser arrestado en abril de 2003. Atrás quedaba una vida a la fuga que le llevó a luchar junto a Osama Bin Laden en Afganistán, unirse al frente Moro de Liberción Islámica (MILF) en Filipinas y dedicar años de su vida a la formación de cualquiera que quisiera empuñar un arma o poner una bomba en defensa del Islam.

Las primeras dudas surgieron el día que celebró con sus amigos la caída de las Torres Gemelas. ¿En que se había convertido? ¿Por qué se alegraba de la muerte de miles de inocentes? ¿ Podía ser algo así parte de la guerra santa a la que había dedicado su vida? El atentado que un año después costó la vida a 202 personas en dos discotecas de Bali terminó de distanciarles de sus compañeros.

Abas asistió poco después a una cumbre terrorista en la ciudad javanesa de Tawangmangu y mostró su oposición a la matanza de civiles. “Quería ayudar a los musulmanes, en Afganistán o donde fueran oprimidos. Todavía pienso que es una lucha legítima. ¿Masacrar a gente en una discoteca? No es una guerra santa fue un crimen”.

El atentado de Bali persigue especialmente a Abas porque entrenó personalmente a algunos de sus autores cuando era uno de los cuatro líderes más importantes de Yemaa Islamiya y el coordinador de sus campamentos. El sentimiento de culpa hizo que viera su detención como una liberación.”Decidí que si no podía cambiar lo que pasó en Bali, al menos trataría de evitar que se repitiera”, asegura.

Nasir Abas ha visitado desde 2005 a la mayoría de los 700 detenidos en Indonesia por terrorismo, poniéndoles en contacto con las familias de las personas que mataron para que entiendan el sufrimiento que han causado, ofreciéndoles el consejo de líderes religiosos moderados y debatiendo con ellos sobre el Islam y la guerra santa. Es un trabajo que podría costarle la vida-está amenazado de muerte- y que le ha enfrentado incluso a miembros de su familia. Uno de los tres ejecutados en 2008 por el atentado de Bali fue su cuñado, Mujias. Antes de morir, le escribió una carta en la que prometía venganza y le acusaba de ser “un traidor y un infiel”.

Abas dice que seguirá adelante con su trabajo junto a las fuerzas de seguridad porque su vida solo “está en las manos de Dios”. Al acercarse el décimo aniversario de los atentados en Nueva York publicó un cómic autobiográfico: la transformación de un terrorista en un aliado en la lucha contra el terrorismo.  El libro “He encontrado el significado de la Guerra Santa”, se repartirá en escuelas indonesias dentro de un  programa  de prevención de radicalismo y cuenta entre otras cosas su sorpresa por no ser torturado durante su detención. “Mira mis ojos. ¿Te parezco un enemigo del Islam?”,  le preguntó en su primer interrogatorio el director del grupo antiterrorista indonesio, el también musulmán Bekto Suprapto.“Si no estás de acuerdo con los atentados, ayúdanos a pararlos”.

Nasir Abas asintió con la cabeza.

Redacción EBM/

 
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