Ricardo Muñoz Munguía
La soledad es un reino que obliga profundizarse en el misterio humano. El deslumbramiento abre la razón pero quizás es demasiado tarde cuando se está frente al espejo y su clamor insolente. El mejor pretexto es la escritura para sondear el yo profundo, hablar con las voces guardadas que pertenecen al inconsciente. Aflorar la soledad es un ejercicio en el que las noches espinan y hacen el insoslayable viaje de la voluntad dormida: “No quiero sentir más la serpiente del odio/ enroscada en la garganta”; así cierra uno de sus poemas Lina Zerón.
Conforme avanzamos en la lectura del poemario de Zerón, parece que una mano pasa por el punto exacto de la sensibilidad, como cuando algo se va y del que sólo poseíamos la memoria y pensamiento a través de símbolos convertidos en palabras. Un empujón nos aleja de la duda pues tendremos que sentir lo mismo que ante la desaparición del ser amado. Y sólo queda el misterio.
Poeta, narradora, periodista y promotora cultural, Lina Zerón (Ciudad de México, 1959) enfrasca en el poemario que comentamos la soledad para darle paso a la tristeza, al recuerdo, al sueño, al otro yo…, como lo demuestra en el poema “Aire inerte”: “Reina de las profundidades de la tierra,/ fiera devorando la vida,/ brazo de río en medio de un océano enfermo soy.// No siento mi carne./ Nada sostiene mi esqueleto./ Mi lengua está agrietada y ciega./ Mis abismos en silencio te reclaman.// A la rosa dejé de contemplar,/ al verde campo verde.// Me volví sombra.// En blanco y negro vivo.// Y el miedo no se aleja./ Este miedo habita lo insondable,/ se vuelve ojera en mi rostro,/ aire inerte en mis pechos,/ maléfico recuerdo.// Ahora un vendedor de sueño/ grita tu nombre en el vacío.// Y yo me he quedado sin monedas”. Por otro lado, el volumen de Lina Zerón, desde sus primeras páginas, encumbra lo en cada poema se reflexiona, que son panoramas donde el amor es el tema propicio para montarse en la esperanza pues los versos se expanden, se abren hasta proponernos una historia, mediante atmósferas que nacen del encanto o el deslumbramiento del amor, aunque no siempre tenga la resonancia poética sino que, por momentos, se jala por el plomo de la narrativa.
El insolente clamor del espejo, poemario de Lina Zerón, parece expandirse en el reino de la soledad. Así como la muerte también se vuelve un inmenso misterio, así la penumbra del cuestionamiento que la autora de Las entrañas del viento —poemario que comenté en estas páginas—, se hace para hurgar en los diversos yo que habitan en ella pero no sólo de manera consciente, sino por igual de forma inconsciente, donde se puede involucrar o encontrarse con personalidades completamente ajenas o, por lo menos, que mínimamente tengan algo en común.
Finalmente, este deslumbrante poemario de Lina Zerón, se vuelve un espiral donde las diversas temáticas dejan un sabor a silencio, meditación frente al espejo.
Lina Zerón, El insolente clamor del espejo. VersodestierrO, México, 2011; 94 pp.
