Hay que barrer la casa
Alfredo Ríos Camarena
Los procesos electorales y la acción de los partidos políticos cada día se han limitado, por un exceso de normatividad interna que, generalmente en busca de la democracia, logra efectos contrarios.
La sobrerregulación ha convertido a los institutos electorales estatales, al Instituto Federal Electoral, a los tribunales locales electorales y al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en instrumentos que impiden en muchas ocasiones —por los procesos judiciales— el mejor desempeño de los institutos políticos; el ejemplo más claro lo constituyen las profundas divisiones del PRD, que generalmente terminan en largos litigios, que al final del camino se alejan de la democracia; es un tema complicado, ya que finalmente lo que hacen estos organismo electorales es interpretar y aplicar los documentos básicos de cada partido.
El PRI del Distrito Federal ha vivido una prolongada crisis que perjudica su estructura e impide su desarrollo, ya son muchos años en que dos o tres grupos de priístas o pseudopriístas, se disputan los órganos partidarios o partidistas, como el Comité Ejecutivo del Distrito Federal, la Comisión de Procesos Internos y el Consejo Político del Distrito Federal, entre otros, los resultados han sido desastrosos, pues el partido se ha caído gravemente en las preferencias electorales, y ha obtenido muy pocas posiciones por medio del voto popular.
Sin embargo, hoy el panorama se ve diferente, la influencia indudable de la precandidatura de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República ha creado una nueva esperanza en los priístas defeños y ha crecido exponencialmente el deseo de manifestarse en las urnas y en la contienda política; asimismo, la candidatura probable de Beatriz Paredes Rangel a la jefatura del Gobierno del Distrito Federal le da un mayor vigor a esta corriente renovadora, que surge directamente de la ciudadanía; con estos dos elementos, a los que se agrega un desempeño cuestionado en la jefatura de gobierno actual, especialmente por el abuso de las autorizaciones de uso de suelo y por la enorme cantidad de obras inconclusas que molestan al ciudadano común, todos estos elementos nos permiten suponer, como lo hacen los sondeos de opinión publica, que el PRI puede recuperar su posición electoral en la ciudad de México.
En esta megalópolis, la ciudadanía tiene una fuerte carga de volatilidad, por su acelerada y desarrollada politización, basta recordar el voto diferenciado que se dio en la elección pasada, entre el candidato presidencial y la candidata Beatriz Paredes, para dimensionar esta enorme capacidad de distinción y elección de los ciudadanos del Distrito Federal, a quienes, por cierto, se les ha negado la posibilidad de convertirse en ciudadanos de primera, en tanto no se convierta esta entidad federativa en un pleno estado libre y soberano, regido por su propia Constitución.
Las mezquindades y envidias de algunos grupúsculos siguen intentando judicializar el desarrollo político del PRI en el Distrito Federal, algunos de éstos probablemente no sean otra cosa que saboteadores del propio proyecto priísta; por eso, hoy mas que nunca, el PRI debe actuar con inteligencia y con ideología, y decidir con sus propias reglas, dirigencias y candidaturas.
Es urgente ya, pues no se trata de reformar, sino de volver a construir todo el andamiaje político en el Distrito Federal, desde los comités seccionales hasta todos los órganos de dirección. Esta tarea no puede esperar más, es urgente, pues para que triunfe el candidato presidencial se requieren, cuando menos, dos millones de votos en la ciudad de México, que se pueden alcanzar si se actúa con rapidez y talento.
Hay que barrer la casa, sacando a quienes de buena o mala fe están deteniendo el proceso priísta de la capital de la república; necesitamos una nueva imagen triunfadora y fuerte que cambie los resultados electorales en los próximos comicios; no hay duda de que esto es posible, pero urge realizarlo por encima de intereses menores y enanismos políticos.
Está el PRI del DF durmiendo con el enemigo, es urgente sacarlo de una vez por todas, y exhibir a quienes, carentes de convicción, sólo se aferran a privilegios obscuros e insignificantes.
Ya los asambleístas del PRI están iniciando la tarea, es importante que toda la maquinaria despliegue sus banderas de éxito.
