Tarea para historiadores

René Avilés Fabila

México padece una lamentable tradición, una más totalmente fastidiosa: la de redactar desplegados y publicarlos para que nadie los lea. Nos basta ver el encabezado para atinarle al contenido. La curiosidad es ver quiénes fueron los ociosos que dieron su nombre en busca de alguna lamentable notoriedad. ¿Cuántos desplegados habrá firmado Carlos Monsiváis, cuántos Elena Poniatowska? Infinidad. Esta será una tarea para historiadores con perverso sentido del humor. Buscar los manifiestos, ver qué apoyaban y poner en un listado a los abajofirmantes.

Al parecer, todos los abajofirmantes están concentrados en ese galimatías que denominan “las izquierdas”. En consecuencia, ahora los tenemos enfrentados en un torneo  de desplegados. Los dos grandes grupos que comandan Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, quienes mantienen una cordial pugna que pronto se hará evidente y furiosa, se han concentrado en redactar desplegados insulsos. El primero confiado en su trabajo por todo el país, ha preferido reconciliarse con los ricos, los empresarios e industriales, a quienes les garantiza que no tendrán, a su lado, más que ventajas. Cambió su discurso agresivo de antes a favor de los pobres. El segundo muestra sus dotes de diplomático en Kuwait y aquí hace gala de autoritarismo cortés. Sus discursos son infames a causa de las mentiras que encierran.

En Michoacán, por ejemplo, señaló que no podemos más que cerrarle el paso a los priístas porque han saqueado estados como Coahuila, sin señalar que su camarada y partidaria, Amalia García, hizo lo mismo en Zacatecas y para colmo ya sabemos que su hija Claudia Corichi es quien más ausencias tiene en el Senado. Esto es, cobra por vacacionar.

Los abajofirmantes por López Obrador tienen algún peso, son intelectuales con obra e historial que ahora buscan empleo y nuevo reconocimiento. La mayoría ha pasado por varios partidos y saltado de una ideología a otra sin pudor. Podríamos decir que poco le dejó a su otrora empleado, Ebrard, quien ha hecho publicar (¿quién los pagará?) planas en diversos diarios donde muestran sus discutibles méritos. Trata de que olvidemos que se formó en el peor PRI y que ahora es casi un luchador marxista-leninista.

Los abajofirmantes en su caso son desconocidos y saltan a la vista dos Laura Itzel Castillo y el inaudito Porfirio Muñoz Ledo. Honestamente, nadie de importancia lo apoya. Lo mismo le sucede al delfín de Ebrard, a Mario Delgado, quien busca votos hasta por teléfono.

La técnica de los abajofirmantes es simple. Les llaman telefónicamente y ni siquiera les leen el texto que deben apoyar. La mayoría da su nombre sabiendo que con ello aparecerán en los diarios.

Las encuestas no consideran los desplegados y dudo mucho que tomen en cuenta los elogiosos textos que con frecuencia redacta un amanuense de mal estilo.

En este caso, Ebrard y López Obrador, están satisfechos. Uno de ellos ganará y de tal manera tendremos una ruptura, posiblemente dos candidatos por “las izquierdas” y más desplegados aburridos que garantizan buenos ingresos para los diarios.

www.reneavilesfabila.com.mx

www.recordanzas.blogspot.com