El embajador Eduardo Medina Mora


Carlos Jiménez Macías

¿Y yo por qué?, dijo en memorable (muy triste y obscura) ocasión, el presidente Vicente Fox, una más de sus célebres ocurrencias que nos hicieron reír a falta de lágrimas, por tener en la más alta magistratura del país a personaje tan peculiar. En otras latitudes —me imagino— habría sido un buen candidato a revocación de mandato…

Pero siguiendo esta tradición panista, ahora nos toca ser testigos de cómo el excelentísimo embajador extraordinario y plenipotenciario ante el Reino Unido, Eduardo Medina Mora, elude muy graves acusaciones que se le atribuyen en el penoso operativo denominado “Receptor Abierto” en el año 2007 —cualquier semejanza con el de “Rápido y furioso”, desde luego es mera coincidencia.

Un documento oficial del gobierno de los Estados Unidos asegura que el ahora diplomático tenía pleno conocimiento de la estrategia que Estados Unidos ejercía sobre el tráfico controlado de armas —que por supuesto no tuvo éxito—. Se trata del Informe del Departamento de Justicia elaborado por el entonces fiscal Michael Mukasey, que involucra directamente al funcionario en tan maloliente asunto.

Evidencia en la que queda de manifiesto que un funcionario de alto nivel estadounidense proporcionó a su contraparte mexicana información sobre estos operativos, que los gobiernos de México y de los Estados Unidos sistemáticamente han negado.

En esa tesitura, Medina Mora niega haber tenido conocimiento de los hechos ocurridos durante su gestión como procurador general de la república. “La respuesta simple y llana es no”, respondió a la pregunta directa de una prestigiada reportera que lo entrevistaba.

Una primera constatación de muy serias consecuencias es: una de las dos partes en cuestión miente. O Medina Mora oculta la verdad y el simulador es él o el embajador tacha de falso un documento oficial de la autoridad norteamericana. En ese caso, las consecuencias pueden ir muy lejos.

En otras palabras: o Medina Mora dice la verdad —¿por qué no?— y toca a nuestro gobierno, a través, por supuesto, de nuestra cancillería, reclamar a las instancias correspondientes de los Estados Unidos el andar publicando tamañas calumnias. O Medina Mora pretende engañarnos y por tanto no sería digno de representar a nuestro país ante la Gran Bretaña.

Lo cierto es que no basta con las declaraciones del embajador en los medios nacionales. Debemos ser informados oficialmente y a través de los canales apropiados para ello.

Pero hay más, esta vez en el ámbito puramente nacional. Si el procurador general de la república no estaba enterado de lo sucedido, entonces tendríamos que entrar al terreno de necesariamente determinar dónde se encuentran los funcionarios ineptos que lo permitieron, para aplicarles la sanción que corresponda, por decir lo menos. Porque sí lo estaba, habrá que deslindar las responsabilidades por las complicidades que seguramente tuvieron que darse en un evento de esta naturaleza.

Toca al embajador informar cuál de las dos opciones se presentó. Porque ahora tendrá que explicar al Senado de la República su actitud y responsabilidades en este asunto, que de lleno afecta la sensibilidad del pueblo mexicano.

Un punto de acuerdo adoptado por la Cámara de Senadores, lo insta a explicar plenamente los hechos. “A la brevedad posible”, dice el texto. Y como se dice coloquialmente, a la brevedad posible es la distancia que media entre la residencia de la embajada y el aeropuerto de Londres…