Petróleo, agua y alimentos
Jorge Carrillo Olea
Vicente Blasco Ibáñez escribió en 1916, en medio de la Primera Guerra Mundial una extraordinaria novela, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, que por su ambientación en la pampa argentina y el desarrollo de la guerra europea fue un retrato fiel del momento mundial. Tres jinetes anunciaban como en el Apocalipsis una gran destrucción y sólo un cuarto anunciaba la victoria.
México divisa en su horizonte el anuncio de tres jinetes y está en sus manos convocar al cuarto, el de la victoria. Esos jinetes se ven muy lejos y por ello no son suficientemente valorados. Los de Blasco Ibáñez fueron la guerra, el hambre y la muerte, los nuestros son el petróleo, el agua y los alimentos. ¿Seremos capaces de convocar al de la victoria, el cuarto del Apocalipsis?
El petróleo más pronto que tarde se acabará. Es ya un hecho. Falta de claridades por parte del gobierno impide un registro preciso de los plazos. Tras de su acelerada escasez vienen los intereses internacionales. El caso de Libia no fue un hecho por la democracia, fue una acción intervencionista concertada por aquellos países que necesitaban urgentemente asegurar una fuente abastecedora. ¿Por qué si no a Gadafi lo soportaron y apoyaron, recibieron y honraron por 40 años?
El agua se hace universalmente más difícil de obtener, los mantos se hunden, empobrecen y contaminan. Se está ya definiendo una tecnología para explotar los hielos árticos con consecuencias sobre el ambiente universal aún impredecibles.
En nuestro país los mantos de los clásicos graneros, el Bajío, la Frailesca chiapaneca, los valles de Toluca, San Luis Potosí, La Laguna y más se están secando. Se pierden cosechas y muere ganado. En la desesperación, se venden reses a 500 pesos. En el abasto urbano la situación solamente cambia en su expresión no en el fondo. Los mantos cada día se muestran más y más pobres. El abasto fluvial o de cuencas lejanas cada día es más costoso.
Carne, granos, frutas y legumbres escasean. El mundo se adentra en una crisis alimentaria. Crecemos los consumidores y se reduce la producción. En lo nacional enfrentamos un problema más que serio por complejo. El campo se ha agotado o enfermado por poluciones. Las tierras se empobrecen y no se sanean. El crédito es inalcanzable por complejidades burocráticas. La planeación es general no se reconocen regionalidades. No hay una postura consistente en pro ni en contra de los productos trasgénicos, quizá un paliativo, todavía están a debate.
Por otro lado el crecimiento urbano tiene también numerosas consecuencias. Sobre el campo son que se invaden tierras fértiles, en algunos casos de muy alta productividad. Por otro lado, las migraciones al extranjero u otras regiones del país van privando al campo de mano de obra. Escasean los varones vigorosos, quedan mujeres, jóvenes muy jóvenes y niños. La aportación agropecuaria al campo al PIB es bajísima, solamente de 3.8%.
A vuela pluma éstos son los jinetes que nos amenazan, sin despreciar a muchos que los han precedido o cabalgan tras ellos. Esta reflexión que es poco grata debería ser en el marco de una política de seguridad nacional un elemento vigoroso en su presencia. No, el Consejo de Seguridad Nacional vive, además de en un gran desbarajuste, obsesionado con el tema criminal.
Es alarmante ver cómo ante la terrible complejidad presente y venidera de la vida nacional, verdadera amenaza a su seguridad, el presidente obsesionado con su fijación criminal se ha resuelto a ser un presidente intrascendente, prefiere el papel del gran sheriff.
… Suspensivos
Moreira dice ser el ofendido por el escándalo del que es presunto responsable. Tiene humor para llamar a Cordero “Chiquidrácula”. ¡Ni idea de su alto encargo! ¿Por qué no exhibe su historial patrimonial desde que era maestro de secundaria? ¡No se ha dado cuenta de que está muerto!
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