Dionicio Morales
La mayoría de los lectores de René Avilés Fabila ignoran —porque ha seguido la ruta de los años de sus publicaciones— es que antes de todas estas obras, René Avilés Fabila ya había escrito su libro Hacia el fin del mundo, que se publicaría hasta 1969 en el Fondo de Cultura Económica. En este libro está el material literario que nuestro autor festeja y menciona como punto de referencia para explicar su historia literaria, ya que a temprana edad descubre la fantasía y el humor, que son dos de las características que marcarán, para bien, más adelante su obra. Lector apasionado de Borges, Maeterlinck y Arreola —para mencionar sólo a los que influyeron en la escritura de estos textos—, desde entonces René escribe con maestría sus textos breves que hay que revisar con mucho detenimiento cuando de hablar de la importancia de su obra se trata. Juan José Arreola, amigo y maestro suyo, lo aguantó mucho tiempo en su taller literario y lo recomendó para la beca del Centro Mexicano de Escritores; después tuvo la oportunidad de conocer a Jorge Luis Borges en Argentina, el autor de un libro ya legendario, entre otros, Manual de zoología fantástica, y en un raro momento de humildad —que a veces los tiene, aunque parezca increíble— publicó un libro titulado Borges y yo, cuando debió de llamarse, conociéndolo, Yo y Borges.
El libro que De sirenas a sirenas, bella y cuidadosamente editado por la Universidad Autónoma Metropolitana
—se ve que aquí sí hay voluntad y cariño—, como el mismo autor confiesa, convoca buena parte de mis personajes fantásticos, escritos, digo yo, a lo largo de su ya larga trayectoria. René, quizá para una mayor apreciación de los lectores, divide los cuentos en cuatro apartados de acuerdo a temas y orígenes que le dieron vida a cada uno de ellos. Así es que podemos llegar a pensar que estamos —aunque hayamos leído las obras anteriores en sus ediciones originales—, ante un nuevo libro, extraordinario, no sólo por la idea de aglutinarlos en un solo volumen, sino porque se trata, según sus propias palabras, y que yo también suscribo, por ser una faceta destacada en mi trabajo literario, la que yo prefiero, donde predomina el reino de lo increíble.
Estos cuentos de René Avilés Fabila, es cierto, son de fácil lectura y gozo directo, por su brevedad, tan de moda por aquellos años en que fueron escritos, por remontarnos a otras galaxias de la imaginación, y también por su corrosivo sentido del humor, independientemente de su a veces soslayada comparación entre el reino animal y el de los hombres… y las mujeres —agregaría Vicente Fox—; pero ni en ellos desaparece el otro René Avilés Fabila —no tiene por qué— que como todo buen escritor, aprovecha los vacíos elementales de su escritura —necesarios en toda obra— para desplegar, en todos los espacios posibles, su crítica hacia los humanos.
En “Perversiones de la naturaleza” los primeros textos son casi todos escritos de juventud y, desde luego, se nota la pasión de René, el ¡eureka! del camino encontrado para seguir en él, las referencias culteranas, el humor —al principio cáustico—, como en Briareo, la buena literatura, en casi todos, la poesía a ratos, como en El ave bucson, y hasta sus preocupaciones políticas y sociales, como en los cuentos El camino hacia el yeti, donde aparece su militancia y su adoctrinamiento comunista en un viaje a la extinta urss, y en El zoológico de la realidad, donde los ciervos chinos se diferenciaban de los demás por sus ojos rasgados, como los seres humanos orientales se diferencian de los occidentales. Al final de esta serie, vienen dos textos largos, que por su extensión y tratamiento se diferencian de los demás, y me imagino que fueron escritos en los últimos tiempos.
En “Serpentario” nuestro autor hace alarde de una unidad extraordinaria en la concepción original de los textos. A pesar de que las serpientes no son animales que puedan gustar o apasionar a los visitantes de un zoológico donde la presencia de los niños es mayoría, en el consenso general son consideradas horrorosas, feas y peligrosas; pero los lectores que depositen su mirada en cada uno de los cuentos de René Avilés Fabila, se olvidarán de un rechazo o estupor primero, para adentrarse, sin reservas de ninguna clase, en el mundo de estos animales y se harán cómplices de las virtudes y defectos de cada uno de ellos —según como se vea y de acuerdo a cierta proyección psíquica personal—, claro, guiados por la pluma certera y concisa del escritor. ¿Qué hombre no querrá ser La serpiente falo para buscar en las noches a las mujeres solitarias, deslizarse eróticamente entre sus muslos, penetrarla con delicadeza y hacerle el amor provocándole un maravilloso orgasmo? ¿Qué mujer solitaria no querrá ser visitada por esta serpiente todas las noches? Y con una gracia más: que la serpiente es estéril. ¿Quién, hombre o mujer, no se compadecerá de La serpiente alada que por ser un pariente pobre del dragón vive atormentada buscando un san Jorge para que la mate y le impida el sufrimiento moral?
En “Breviario mitológico” el lector avezado puede entrar a un mundo en el que los personajes y lugares son conocidos; este lector, además de recordar historias pasadas, abrevará en la sección con el mayor número de páginas del libro De sirenas a sirenas otras historias nacidas de la pluma del autor; para el lector común y corriente que a pesar de haber leído o de tener la idea de que ha encontrado a lo largo de sus años referencias que les son lejanamente familiares, el asombro será mayor porque está frente a textos vírgenes, a la par de su mirada, y la violación, de ninguna manera, será violenta y dolorosa, sino dulce y placentera, que no sólo le despertará el interés por dirigirse a las lecturas clásicas, sino que además después tendrá una diversión gratuita comparando una historia con la otra. Así vemos desfilar aquí a La esfinge de Tebas, a Los sátiros, La minotauromaquia, todo lo que usted debería de saber sobre Las sirenas, Las gorgonas, Las quimeras del siglo XXI, La zoofilia, El caballo y el pegaso —que vienen siendo medios hermanos—, y Ulises, Penélope y Circe. Es oportuno señalar que algunos de estos cuentos se alargan más que otros, en un afán, ambicioso como todos los afanes, de contar los instantes precisos de la historia para orientar con mayor información al lector.
“Imaginería mexicana” es la cuarta y última parte del libro De sirenas a sirenas, de René Avilés Fabila, y por desgracia es la sección más breve en el número de páginas que la conforman. Y digo por desgracia, porque nuestro artista sólo se ocupa de El legítimo Chac Mol y El nagual obsesivo, dos grandes y reconocidos personajes dentro de nuestra cultura prehispánica y en la imaginería mexicana, que es muy rica y vasta. Quizás al final René quiso confrontar las dos expresiones que a lo largo de este libro se codean entre sí pero guardan una cierta perpendicularidad: el cuento corto, resuelto a la brevedad con singular maestría, y el cuento largo, de aliento, avasallador, que no quiere olvidar nada acerca de su historia, aceptando el sacrificio, o la ausencia, de un final sorpresivo y sorprendente. Pero hay que reconocer que en cualquiera de estas dos acepciones, se puede apreciar el talento, la magia, la escritura fantástica, la sapiencia propia de la historia, y la poesía, que más temprano que tarde, engalana muchas de las páginas narrativas de nuestro autor.
Si nos atenemos nada más a lo que representa este libro de René Avilés Fabila, De sirenas a sirenas, nos podemos dar cuenta de que el escritor ha remontado, con conocimiento de causa, varios tramos de historia universal, sin olvidar el medioevo, pasando por la época prehispánica, hasta llegar a la contemporánea, en donde, con la complicidad de la ciencia y de los científicos, dice el escritor, ya se puede crear una quimera; la ciencia, agrega, ha desplazado a la literatura, como en La isla del Dr. Moreau, de H. G. Wells. A final de cuentas, este libro es una muestra palpable, en todos sentidos, de lo que es la obra personal y de mayor trascendencia de uno de los escritores más polémicos de México.
