¿Podrá seguirle los pasos?

Félix Fuentes

 A casi 11 años de imponer el narcotráfico en decenas de naciones y en todas las regiones de Estados Unidos, crece la versión de que el Chapo, Joaquín Guzmán Loera, es buscado por el gobierno de Felipe Calderón, lo cual constituiría un golpe espectacular mediático.

Autor de extensas redes de distribución de drogas, cocaína y metanfetaminas, el Chapo ha tenido omnipresencia en la república, como lo afirmó un obispo de Durango, entidad donde vivió el poderoso capo durante tres años, sin ser molestado.

Del líder del cártel de Sinaloa se ha sabido que instaló residencias en Acapulco, Puerto Vallarta y poblaciones de Sinaloa, gracias a sus arreglos con autoridades locales y federales, de las cuales ha recibido protección.

En mayo pasado fueron conocidas las declaraciones de Vicente Zambada Niebla, el Vicentillo,  en el sentido de que en 1998 fue iniciado un plan de la DEA para proteger al Cártel de Sinaloa, a cambio de proporcionar información de las otras organizaciones del hampa y proceder contra ellas.

El Vicentillo es hijo de Ismael, el Mayo, Zambada —brazo derecho de Guzmán Loera— y se desempeñaba en el Aeropuerto Internacional capitalino, donde recibía embarques de cocaína procedentes de Colombia. Hasta logró la posesión de uno de los hangares, donde hoy funciona la Terminal Dos.

Por casualidad, el Vicentillo fue detenido en la Delegación Gustavo A. Madero por policías preventivos del Distrito Federal y al ser presentado ante los medios ya no tuvieron oportunidad sus protectores de dejarlo en libertad. Autoridades de Estados Unidos se apresuraron a solicitar su extradición por aquello de que fuese rescatado por el cártel de su padre.

Interrogado en Chicago, el hijo del Mayo reveló arreglos de la DEA con la mafia del Chapo, de modo que éste continuara en libertad y diera a conocer los movimientos de los Zetas, poderosos enemigos del cártel sinaloese.

Si lo anterior es cierto, no se sabe que por informes de Guzmán Loera hayan recibido golpes espectaculares los Zetas, los cuales mantienen su poderío en entidades como Quintana Roo, Veracruz, Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León y algunas otras.

De la protección al Chapo no quedan dudas, y comprueba por qué en más de una década se ha paseado tan campante, dentro y fuera de México. El presidente Calderón criticó recientemente, en uno de sus clásicos lavados de manos, que el capo en cuestión ingrese en territorio estadounidense sin ser perseguido por la DEA u otras autoridades de allá.

Al parecer, Guzmán Loera fue a visitar a una de sus mujeres, Emma Coronel, quien dio a luz dos mellizas en el hospital Antelope Valley Lancaster. Pero si los gringos no capturan al narcotraficante al ingresar en Estados Unidos, ¿por qué el gobierno calderonista no lo hace cuando sale de México? No se olvida que otra de las esposas del capo fue detenida hace dos años y a los pocos días se le dejó en libertad.

Según el periódico The New York Times, agencias de Estados Unidos como la DEA han construido redes de informantes que se infiltran en los cárteles y han ayudado a la captura de decenas de narcos de alto y medio nivel que luego presentan autoridades mexicanas como éxitos propios.

Por lo general, agrega ese periódico, México ignora los contactos de Estados Unidos con los informantes, quien no los comparte con el gobierno mexicano debido a la “corrupción imperante en la policía mexicana”.

Son otros aspectos del porqué fracasó la “guerra” de Felipe Calderón contra la delincuencia organizada, y si no logra las capturas de hampones de medio pelo, menos puede seguir los pasos del Chapo.