La democracia en problemas

Carlos Guevara Meza

El pasado 21 de noviembre las fuerzas de seguridad egipcias atacaron con lujo de violencia a los manifestantes que se reunían en la emblemática Plaza Tahir, lugar donde se produjeron las protestas que llevaron al derrocamiento del dictador Hosni Mubarak a principios del año. Como en los peores momentos de aquella dictadura, ha habido muertos y heridos por docenas. No es más que el último episodio donde la Junta Militar que gobierna Egipto reprime con salvajismo a su pueblo, pasando de ser los héroes que echaron a Mubarak del poder negándose a reprimir a la gente, al poder de facto que busca perpetuarse.

Durante los días anteriores diversas manifestaciones en la capital, El Cairo, así como en otras ciudades, fueron atacadas por la fuerza pública con lujo de violencia, al grado de que buena parte de los partidos políticos suspendieron las campañas para las elecciones legislativas que están convocadas para iniciar a finales de noviembre y se extenderán hasta enero (pues por motivos de seguridad aducidos por la Junta Militar los comicios se realizarán en diversas zonas en tres fechas distintas: 28 de noviembre, 14 de diciembre y 10 de enero). Varios partidos, entre ellos el favorecido por las encuestas, el islamista Hermanos Musulmanes, han solicitado una reformulación del calendario electoral, comenzando por la elección presidencial (de manera que el poder pase de inmediato a manos civiles), luego la de una Asamblea Constituyente y finalmente la del poder legislativo, exactamente al revés que la propuesta de la Junta Militar, que incluso quiere poner la redacción de la nueva Constitución en manos de un grupo de notables a la vez que ha preparado un borrador con puntos que garantizarían al ejército facultades supraconstitucionales, algo rechazado tajantemente por los Hermanos Musulmanes y sus aliados salafistas (islamistas radicales) que buscan que el sistema legal se base en la ley islámica (sharia).

Pero si a muchos dentro y fuera de Egipto preocupa la posibilidad de un régimen islamista, la Junta Militar no ha hecho mucho por allegarse aliados para una propuesta laica. Ha mantenido leyes que distinguen y discriminan entre musulmanes y otras religiones, y ha reprimido duramente a la minoría de cristianos coptos (primero en octubre, cuando una manifestación frente a la televisión pública fue atacada con blindados, y las investigaciones correspondientes se han dedicado a detener a los manifestantes y no a los soldados que causaron muertes y heridos graves entre los civiles; y luego en noviembre cuando las demostraciones en memoria de aquella manifestación también fueron atacadas).

Pese a la extrema violencia, las manifestaciones continúan y es difícil que cesen a fuerza de pura represión, pues la gente ya sabe que puede ganar. El problema es que en el estire y afloje entre los diversos grupos de la sociedad y la Junta Militar, la situación podría radicalizarse favoreciendo a los grupos más extremistas. La democracia está en problemas en Egipto.