Marco Muñoz
Juan Carlos Aldir (Ciudad de México, 1971) desarrolla una novela de violencia y muerte pero estos conceptos son solamente el pretexto para adentrarse en la sociedad, sobre todo, capitalina. Asesino de muertos (Lectorum, México, 2011), a manera de diarios de los personajes y capítulos de agenda, desarrolla un periodo de la vida de cuatro personas, cada una con su propia óptica, de los sueños y esperanzas que van a construirse sobre arena, “en una sociedad decadente y corrupta, llena de familias rotas, amores malogrados y existencias sin sentido ni propósito”, como bien se apunta en la presentación. La primera novela de Aldir es la ilustración de uno de los más representativos clímax de violencia que nos brindan los gobernantes.
—¿Cómo se puede matar a un muerto?
—Cuando a alguien lo señalan, por la razón que sea, ya está muerto, es decir, quien va a ser asesinado no tiene otro destino más que la muerte. Y así piensa el personaje principal de mi novela: “¿matar por dinero?: sí. Total, a la persona que van a asesinar la van a matar de todas formas; no voy a hacerle más daño del que le van a hacer y, además, yo resuelvo mi situación económica. Entonces no hago mal”. Bajo esta lógica arranca la carrera delictiva pero vamos a verlo en su transformación, que es lo más interesante.
—Es una novela de traiciones, desamor, temible en sí…, pero de cierta manera sana, si la tratamos de meter en estos tiempos de violencia en México.
—He reflexionado sobre eso y me quedo con la sensación de que me estaba acercando mucho al tema de los capos, que ya eran para el año 2006 la noticia. Y mi intención estaba en meterme en los zapatos de una persona común que se ve involucrada en una trama de violencia: qué pasaba en su interioridad, cómo se transformaba su vida a partir de los hechos que se iban presentando, y por desgracia es el caso de varios jóvenes; eso ha venido a confirmarse paulatinamente.
—A diferencia de estos tiempos para algunos casos obligados, el personaje llega a una atmósfera de violencia por su propio pie.
—El personaje principal se involucra para convertirse en asesino a sueldo. Lo hace porque cree que eso es una salida a sus problemas monetarios. Y en eso me baso en un amplio segmento de personas que no tienen oportunidades y sí les puede resultar una salida. Y al principio sí es una salida fácil pero después, como es de esperarse, se complica todo.
—¿Para esta novela qué investigación hiciste?
—Recurrí mucho a la prensa pero principalmente le doy los tintes de la ficción, sobre todo porque no era la intención hacer un reportaje sino un trabajo de ficción para poder profundizar en los personajes. Por supuesto que la realidad nos lleva un paso adelante y aprehenderla sería apostar a la vigencia y con el constante movimiento violento en México mi novela quedaría rezagada pronto. La historia no está enclavada en un escenario real pero sí refleja un entorno verdadero. Nuestra sociedad está hecha de violencia de personajes que se ubican en los márgenes; así, prostitutas, asesinos…, obligan a hacer una reflexión sobre el entorno en el que vivimos todos.
—¿Tienes algún proyecto nuevo?
—Tengo varios apuntes que he conseguido en investigaciones para hacer una segunda novela que, ahora, tendrá que ver con el involucramiento en la corrupción a varios niveles. Pertenezco a una generación que ha heredado la corrupción como un hecho cotidiano como el que digan “si no tranzas, no avanzas”. Pienso también en una persona cómo la jala el sistema a corromperse. Es un intento más de reflejar los problemas que nos aquejan.
Escribo sobre cómo aprende a vivir mucha gente, con mínimas oportunidades, y que por eso no toman en cuenta por dónde van pero en cada paso están hundiéndose en el lodo de la corrupción o en el delito sin imaginarse lo que harán y lo que serán. Así podremos ver cómo nacen los asesinos nuevos y cómo avanza la corrupción pero sin la mínima conciencia de que esos hechos habrán de rebasar a los ejecutantes de ello y vulnerar seriamente a todos.
