Vicente Francisco Torres
(Tercera y última parte)
En la tercera parte de Amor y exilio, Isaac Bashevis Singer cuenta su arribo a Estados Unidos, con menos de treinta años de edad y con su primer libro, Satán en Goray, en proceso de edición en Polonia. En América su vida parece reiniciar a partir de cero, en el amor, en el aprendizaje del inglés y en la creación artística.
Su perspicaz observación de la condición humana se acrecentó (“El amor se convertía en odio de la noche a la mañana. El odio estallaba de nuevo en una explosión de amor. Un intenso afecto iba en ocasiones acompañado de la más desvergonzada traición”) y sus nuevos amoríos formaban parte de su poética: “estaba convencido de que los poderes creativos de la literatura no radicaban en la forzada originalidad que deriva de las variaciones en el estilo y la manipulación de las palabras, sino en las innumerables situaciones que la vida creaba continuamente, en especial las inesperadas complicaciones entre el hombre y la mujer. Para el escritor se trataba de un potencial filón inagotable, mientras que las innovaciones en el lenguaje pronto se convertían en clichés”. Y bien sabía de lo que hablaba, porque volvió a enredarse con una mujer bastante mayor que él y, cuando tuvo que ir a Canadá para arreglar, semiclandestinamente, sus papeles para quedarse en América y no regresar a las matanzas de Hitler y Stalin, se hizo acompañar en la aventura por una muchacha que lo único que deseaba era dejar de ser virgen.
Este admirador de Knut Hamsun aseguraba que el comportamiento de los seres humanos es inexplicable; se hizo lector de nota roja porque allí observaba las rarezas de la gente. Entró en una crisis que lo apartó de su hermano que lo había traído a América, lo hizo comer alimentos sacados de los botes de basura y lo recluyó en un departamento caluroso y lleno de bichos. Deambuló por las calles sin asearse y sin ánimos para emprender nuevos proyectos literarios, tentado muchas veces por la idea del suicidio, hasta que una campanada se escuchó en su vida y lo hizo despertar: Lena, una de sus mujeres polacas, le pide ayuda porque está varada en Grecia, con un hijo de ambos.
