Mayra Pardillo Gómez *

Sancti Spíritus, Cuba.- Esta añeja ciudad de 496 años de edad guarda entre legajos y folios una interesante historia sobre un insólito enterramiento que la curiosidad, inherente al ser humano, sacó un día a la luz pero que ha sido poco difundida.

En la puerta principal de la Iglesia Parroquial Mayor (data del siglo XVII), declarada Monumento Nacional en 1978, está la llamada Puerta del Perdón, donde según se afirma fue inhumada -por propia voluntad- Doña Rosa del Castillo y Barroso.

Alegan que contrajo matrimonio cuando apenas tenía 13 años, que poseía una fascinante belleza, pero también se mostró vanidosa ante la pobreza de los demás.

Doña Rosa, quien tuvo una vida muy breve, hizo constar en su testamento que deseaba ser enterrada bajo la Puerta del Perdón en el también llamado Templo del Espíritu Santo, para que los feligreses que entraran o salieran pisaran el sitio donde se depositaría su cadáver.

Datos consultados en el Archivo Histórico Provincial indican que al parecer la joven, al sentir la llegada de la muerte, temió haber pecado de orgullosa, dada la riqueza en que se desenvolvió su corta vida, y contempló esa petición en su testamento como muestra de humildad.

 

Enterramientos en las Iglesias

La Iglesia Parroquial Mayor está ubicada en el mismo corazón del Centro Histórico Urbano de Sancti Spíritus y la actual construcción es la cuarta que ha tenido ese templo.

En el ensayo histórico Alrededor de un Monumento Nacional cubano: La Iglesia Parroquial Espíritu Santo (La Mayor), del investigador Juan Enrique Rodríguez Valle, se afirma que en 1680 se concluyó ese santuario en esta ciudad, fundada en 1514 por el Adelantado Diego Velázquez, en la forma y dimensiones que hoy presenta.

Asimismo, asegura que el capitán Pedro Pérez de Corcha hizo construir la Capilla del Rosario, con una bóveda destinada a acoger los cadáveres de familiares suyos y en la que también fue inhumado él.

Durante mucho tiempo los enterramientos se realizaban en esas sedes religiosas y Sancti Spíritus tampoco fue una excepción, por lo que los

muertos eran sepultados en la Iglesia Mayor, en la Ermita de la Caridad y en la de la Vera Cruz.

Para 1713 se erigió como cementerio un lugar situado al Sur de la Iglesia Mayor, mientras que en 1804 el Obispo Espada y Landa dispuso que a partir de ese momento se prohibieran los enterramientos en las Iglesias, lo que se materializó en 1806.

En ello influyó la fetidez que provocaba la exhumación de los cadáveres, porque al ser un lugar reducido debían sacar -sin el tiempo requerido- los restos de unos para sepultar a otros.

El Alcalde D. Juan Fonts, al comprender que estas sepulturas afectaban la salud pública, obtuvo autorización para un Cementerio General fuera del

pueblo, el que se construyó en las sabanas del nordeste de la villa en donde radicó hasta 1860, en que se trasladó a la zona actual.

 

Corta vida

Datos consultados en la Oficina de Patrimonio de esta villa, a unos 350 kilómetros al este de La Habana, indican que Doña Rosa del Castillo y Barroso fue bautizada el 19 de diciembre de 1752 y se casó el 15 de septiembre de 1766 con Domingo de Estrada y Cañizares.

Estas referencias fueron extraídas del libro Notas y datos, de Fernando Alfonso del Valle y Llorente, donde además se asevera que la joven murió a los 14 años en vez de a los 18 como se plantea en la Multimedia Sancti

 

Spíritus: Colonial legendario.

Sin embargo, otro texto tomado del periódico Trabajadores (Organo de la Central de Trabajadores de Cuba) presumiblemente de febrero de 1986, página 4, indica que Doña Rosa murió el 18 de mayo de 1775, por lo cual al momento de fallecer aún no había cumplido los 23.

Años más o años menos, lo cierto es su desaparición física en plena juventud y lo insólito de esa cláusula en su testamento.

Según consta en la revista Siga la Marcha No.3-4-5, 1994/1995, en  el trabajo Notas sobre los enterramientos en la época colonial, en la Parroquial Mayor se realizaron 12 mil 151 inhumaciones.

Uno de los autores de este material participó en las excavaciones realizadas siendo testigo de lo en ellas encontrado, según consta en dicha publicación.

Cuando se restaura el templo en 1988, esta original tumba fue objeto de investigación, procediéndose a buscar la mencionada puerta, hallándose un osario, con fragmentos óseos.

Algunos textos catalogan el enterramiento de Doña Rosa en la Puerta del Perdón como una leyenda; otros documentos avalan su corta existencia terrenal y el cumplimiento de su última disposición.

En fin, si el enterramiento en ese sitio fue una realidad o una ficción, la historia espirituana despierta curiosidad e interés por seguir hurgando en los vericuetos de una historia quizás inconclusa.

De ahí que ahora, como muchos espirituanos conocedores del tema, cuando transito cerca de esa puerta que da acceso a la construcción más antigua de esta ciudad, recuerdo inevitablemente lo que de forma dispersa encontré en varios textos y que me hizo comprender lo insólito del pensamiento humano, en especial el de una arrepentida joven del siglo XVIII.

(*) La autora es corresponsal de Prensa Latina en la provincia cubana de Sancti Spíritus.