Los tentáculos del conflicto sirio
Carlos Guevara Meza
Casi 9 meses de manifestaciones y combates en Siria han dejado 4 mil muertos, decenas de miles de heridos y un número indeterminado de personas encarceladas o desaparecidas sin que medie procedimiento judicial alguno. Las fuerzas de seguridad han actuado con lujo de violencia y fuerza desproporcionada contra la población civil, cometiendo todo tipo de excesos (incluyendo ejecuciones sumarias y el uso de violencia sexual en contra de mujeres, hombres y niños) como medio para provocar terror y desalentar las protestas contra el régimen de Bashar el Assad. Básicamente éstas son las conclusiones del Informe presentado por la Comisión Internacional de Derechos Humanos de la ONU el pasado 2 de diciembre, que fuera elaborado por tres expertos independientes y apoyado por 37 países miembros de la Comisión, rechazado por 4 (China, Rusia, Ecuador y Cuba) y 6 abstenciones.
El texto de la resolución urge a la ONU y a organizaciones regionales a tomar medidas inmediatas para proteger a la población siria. Pero no las señala. El texto de la resolución fue negociado intensamente, quedando más tibio que el borrador original propuesto por Polonia en nombre de la Unión Europea, con el fin de obtener el mayor número de adhesiones posibles.
Por supuesto, Siria rechazó el informe, calificándolo de tendencioso por no mencionar la violencia generada por los opositores, pues al parecer entre desertores del ejército y civiles han logrado formar una milicia (cuyo número de integrantes podría llegar a 15 mil) que en las últimas semanas han comenzado a realizar ataques frontales contra el régimen.
Y no es todo. Turquía ha continuado endureciendo su discurso y sus acciones contra El Assad, sobre todo después de que se han verificado ataques contra ciudadanos turcos en Siria. Al mismo tiempo, la Liga Árabe amenazó primero con sanciones económicas y políticas si el régimen no acuartelaba a la tropa y cesaba la represión. Siria consideró el ultimátum como la antesala de una declaración de guerra y lo rechazó. La Liga aplicó las sanciones y Siria tuvo que ceder y permitir el envío de observadores internacionales, pero las sanciones siguen vigentes y buscan debilitar la alianza entre el gobierno y la alta burguesía (que en teoría será la más perjudicada por el embargo).
El conflicto tiene implicaciones regionales importantísimas, pues la tensión con Turquía podría complicar aún más la región que tienen en común y forma su frontera, el Kurdistán, donde desde hace años se pelea por la independencia. Pero el riesgo de una guerra civil en Siria es demasiado alto por la cantidad de intereses turcos en el país y los efectos que tendría un proceso masivo de refugiados. Por otro lado, los lazos del régimen sirio con la milicia libanesa Hezbollah pueden desestabilizar aún más a Líbano y su frontera con Israel. Rusia, China e Irán siguen apoyando a El Assad, y esto le da un respiro frente al embargo internacional. Lo cierto es que el conflicto no se detendrá pronto.
En otro orden de cosas, y tal como se había pronosticado, en la primera etapa de las elecciones en Egipto la oposición islamista en su conjunto obtuvo casi el 65 por ciento de los votos.
