Patricia Gutiérrez-Otero y Javier Sicilia

Pocas veces nos preguntamos por qué nos regimos por un calendario cristiano, que se ha globalizado, al menos para las transacciones comerciales, aunque aún existen otros calendarios locales. La celebración de la Navidad tiene un alto contenido simbólico. Para los cristianos es el momento en que un Dios personal, creador y acompañante del ser humano en su historia, toma carne en el hijo de una pareja humana, en Israel: su nombre, también simbólico, es Ieshua, Jesús, “salvador de los seres humanos”. Es una fiesta gozosa alrededor de un recién nacido en un pesebre. Por eso, en general, es una fiesta familiar.

En primer lugar es importante saber que Ieshúa (Jesús) no nació en el año 1. En el momento en que en el siglo vi, el monje Dionisio El Exiguo calculó, con los datos, referencias e instrumentos que se poseían en ese momento, el año de nacimiento de Ieshúa determinó la fecha romana en que había nacido el niño judío. Sin embargo, los estudios historiográficos actuales han revelado que Herodes el Grande, bajo cuyo reino nació Ieshua, falleció en el año 4 antes de la era cristiana, por lo que el nacimiento del Mesías tuvo que ser antes de esta fecha. Otros indicios indican que el nacimiento del niño del pesebre fue entre finales del año 7 y comienzos del 6 a. C. No se trata de una mentira, sino de la capacidad de investigación de aquel tiempo.

Sin embargo, esto no explica la razón por la cual el calendario mundial es el cristiano. Para ello, debemos remontarnos unos siglos antes de la existencia de Dionisio El Exiguo. En el siglo iv, Roma era gobernada por el emperador Constantino. El imperio sufría ya a causa de su crecimiento, por lo que decidió crear otra sede en la antigua Bizancio, en el territorio de la actual Turquía. Esa ciudad se llama desde entonces, Constantinopla. Ahí surgieron el Imperio Romano de Occi­dente (con sede en Roma), y el Imperio Romano de Oriente (con sede en Constantinopla).

Por otra parte, Constantino, optó por los seguidores de Cristo, pequeña religión perseguida, para unificar simbólicamente el Imperio. Helena, su madre, era una cristiana convencida; nunca se ha sabido si Constantino lo fue o si utilizó a la religión cristiana con fines políticos. En el año 325, el emperador decretó la libertad religiosa, el cristianismo podía ejercerse libremente. En el mismo año, Constantino convocó el primer concilio ecuménico cristiano, reuniendo a gran parte de los obispos del orbe con el fin de terminar querellas y violencias a causa de elucubraciones teológicas. En el 380, el emperador Teodocio, decretó que la religión cristiana era la religión oficial del Imperio Romano. Aunque con los posteriores emperadores hubo idas y venidas, este mandato permaneció. El Imperio Romano llevó el cristianismo a toda su zona de poder. Aunque el Imperio Romano de Occidente desapareció en el 456, y el de Oriente en el 1453, la Iglesia cristiana occidental se mantuvo en su posición fuerte ligada con otros Imperios y Reinos.
Para terminar, la fecha del 25 de diciembre se estableció a finales del reinado de Constantino II, independientemente de la fecha real en que nació Ieshua, pues el 25, solsticio de invierno, era la fiesta romana del “sol renaciente e invencible”. Es, pues, una fecha simbólica.

Además, opinamos que se respeten los Acuerdos de San Andrés Larraizar y las autonomías de los pueblos indígenas. Que se investiguen los crímenes contra los migrantes sudamericanos que pasan por el país. Que se ponga un alto a las transnacionales, y se restituya el predio que ocupaba el Casino de la Selva. Que se reconsidere el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Que se detenga la explotación minera a cielo abierto. Que se salve a Wirikuta.