Gonzalo Valdés Medellín

Consternación e indignación ha provocado la muerte de Julia Marichal, de 67 años, asesinada cruelmente, después de estar desaparecida desde el 12 de noviembre. Actriz, investigadora literaria, activista social, Julia Marichal llevó a cabo una loable trayectoria teatral, fílmica y televisiva, así como en las lides de la investigación literaria, sobre todo encaminada, en los últimos años, al rescate del trabajo literario de su padre adoptivo don Juan de la Cabada, uno de los tres grandes cuentistas mexicanos del siglo xx, al lado nada menos que de Juan Rulfo y Eraclio Zepeda.

A Julia Marichal la recordamos en innumerables puestas en escena como Los negros de Jean Genet dirigida por José Luis Cruz a principios de la década del 2000 o en su unipersonal Del Caribe negro —1986— donde dio muestras de sus inigualables dotes histriónicas, dancísticas y recitativas que abogaban por la dignificación de la negritud, de esa cultura que toda vez es relegada en aras del racismo.

Como actriz de televisión, Marichal tuvo su gran oportunidad en la telenovela La Chacala, producida por Humberto Zurita y Christian Bach, con la que se aposentó en la fama con notable vigor interpretativo. Entre sus películas se recuerdan Fando y Lys de Alexandro Jodorowski y Pubertinaje de José Antonio Alcaraz (1971). Tía de los cantantes pop Kalimba y M’Balia, Julia integraba una familia de artistas, siendo hija ella misma de la actriz cubana Esther Martínez Peñate, quien participó en Subida al cielo de Luis Buñuel, entre varias películas de la llamada Época de Oro del cine mexicano.

En 2006 tuve el gusto de ser jurado con Julia Marichal de las becas del estado de Baja California para Jóvenes Creadores. Fue un reencuentro emotivo, pues nos habíamos conocido en los años ochenta, justo cuando estrenó Del Caribe negro, espectáculo que llevo en mi memoria por su luminosidad e incisiva vena poética, pero sobre todo por la espléndida actuación que nos regalaba Julia. En ese encuentro Julia me refirió que estaba haciendo un gran trabajo de rescate de la obra de don Juan de la Cabada, pero que no sabía si debería seguir haciéndolo ella misma o encargárselo a otros investigadores. Recuerdo que le dije: “En este país sin memoria, donde el valemadrismo siempre impide que se justiprecie a nuestros creadores, creo que no te va a quedar de otra que hacerlo tú misma, porque si no lo haces tú, nadie se va a interesar y toda la obra de tu padre se va a ir al olvido”. Lo hizo; y este año comenzó a dar a conocer los frutos de ese trabajo con homenajes a Juan de la Cabada, en el 25 aniversario luctuoso de la muerte del cuentista, encabezados y estimulados por ella misma.

Ante su atroz asesinato, esperando que las autoridades competentes esclarezcan los móviles que segaron la vida de la actriz, la comunidad cultural de México queda a la espera de una respuesta congruente. Julia Marichal fue integrante del movimiento por la paz encabezado por el poeta Sicilia. Admirada y respetada actriz y luchadora social, Julia Marichal era una buena mujer, dulce —así definida por sus amigos—, y sin duda alguna, una enorme combatiente por el bien de la cultura mexicana y nuestro teatro.

Descanse en paz Julia Marichal y que se haga justicia.