Su gobierno, junto con el de Cuba, reducto de la represión
Como es habitual en un régimen de corte comunista, la información en torno a la muerte del líder norcoreano Kim Jong il es en extremo escasa.
Sin embargo, se ha sabido que el dirigente murió de un mal cardíaco el 17 de diciembre e informaciones de prensa hacen saber que padecía, desde hace tiempo, diabetes y males del corazón.
Kim Jong il sufrió un derrame cerebral en 2008, pero los hábiles servicios de prensa del gobierno coreano lo hacían en ver en fotos y videos relativamente vigoroso.
Jong il, dirigente de caros gustos occidentales en una nación sumida en la dictadura y la pobreza, heredó el poder de su padre, Kim Il Sung, el reverenciado fundador del país, fallecido en 1994. Y ya se aprestaba a heredar el poder a su hijo Kim Jong Un, de veintitantos años, a quien colocó en puestos de alto rango.
Jong il, amante de los cigarros y el coñac, la langosta, el sushi y el caviar, nació el 16 de febrero de 1942, y gobernó su empobrecido país con puño de hierro mientras desarrollaba un programa nuclear armamentista.
El gobierno de Corea del Norte, junto con el de Cuba, es el último régimen de corte stalinista que subsiste en el mundo.
Jong-il, como su antecesor, ha sido centro de críticas por parte de gobiernos y ONG de distintos lugares del mundo, llegando a ser tildado de dictador stalinista. En concreto, se acusa a su régimen de violaciones de derechos humanos, así como de fabricar armamento nuclear contraviniendo tanto la legislación internacional (“tratado de no-proliferación”) como su propio compromiso de hacer de la Península de Corea zona libre de armas nucleares.
Los medios occidentales insisten en la existencia de campos de concentración, como el de Hoeryong (“campo 22”), que vendría a ser el campo de concentración más grande de Corea del Norte. En él están presos hasta 50 mil hombres, mujeres y niños acusados de crímenes políticos. Según el diario británico The Guardian allí se cometerían graves violaciones de los derechos humanos como el asesinato de niños nacidos de prisioneras.
En el futuro inmediato de Corea del Norte no se avizoran cambios en el sistema político y económico, pues la estructura seguirá en el puño de la burocracia comunista.
Los ciudadanos de Corea del Norte no disponen de acceso a Internet y menos todavía a las modernas tecnologías de la telefonía móvil y las redes sociales del Twitter o el Facebook. Corea del Norte es un país aislado del mundo.
