Entrevista a Rafael Reig/Autor de Todo está perdonado

Eve Gil

Todo está perdonado es la novela ganadora del Premio Tusquets Editores de Novela 2010. Su autor, el asturiano Rafael Reig —el apellido es valenciano y se pronuncia “resh”— vivió en Colombia durante su infancia, aunque esto no lo denote su potente acento español. Su sentido del humor es tan ácido e hilarante como la novela que lo hizo acreedor al preciado galardón, no obstante tratarse de un thriller policiaco, pero también de una novela histórico-política. ¿Cómo la definiría su propio autor?

Eso de los géneros —responde— es pedagógico, y en efecto, hay novelas de género —no me lo tomes como vanidad—, pero creo que no se puede decir que Los hermanos Karamazov sea una novela negra, aunque ocurra un crimen, o que En busca del tiempo perdido sea sentimental, aunque en el fondo puede serlo. Mi teoría es que la literatura tiene que ser como la vida, y en la vida hay belleza, fealdad, dureza, agresión; hay sexo y ternura; tiene que haber emociones, un poquito de todo, y aquí, sí, hay un caso que podría tildarse de pederastia, pero… ¡vamos!, la niña ya tiene doce años y en aquella época se desarrollaban mucho más rápido”, señala refiriéndose a la primera víctima de un peculiar asesino serial, la cual tiene un fuerte vínculo con Antonio Menéndez Vigil, un agente retirado que guarda el secreto inconfesable de su desliz con la hija de su mejor amigo y mentor cuando ésta era una niña de calcetas.

“Si fuéramos capaces de sincerarnos con nosotros mismos, y nos respondiéramos por qué nos hemos acostado con determinadas personas, las respuestas podrían ser las más disparatadas, desde por no perpetuar una discusión, hasta por rencor, por venganza, por vanidad, rarísimas veces por deseo y más raras por amor. Todos damos por hecho que lo hacemos, mínimo, por deseo, para no meternos en líos con nosotros mismos, ¡pero propondría investigar por qué hacemos lo que hacemos!”.

 

Escritor “viejo”

Antonio Menéndez Vigil, el encargado de descubrir quién mató a Laura, quien muere mientras comulga durante su boda, y luego a una serie de fieles que agonizaron en forma terrible tras probar el Cuerpo de Cristo, “es un hombre cínico que no espera nada. Acepta ser culpable porque cuando uno es culpable no tiene más que dos salidas: 1) que te perdonen o 2) que te castiguen, porque el castigo también libra de la culpa, pero Antonio no encuentra quien lo castigue y tiene que castigarse a sí mismo. Por otra parte, la culpa no es agradable, pero el pecado, particularmente contra el sexto mandamiento, se prolonga en la culpa y toma un cariz de nostalgia.”

Rafael Reig se considera un escritor “viejo”, incluso escribe en máquina manual; sin embargo, es joven para ser escritor —nació en Cangas de Onís, Asturias, en 1963— y su temperamento es totalmente decimonónico, con un humor corrosivamente contemporáneo, y es que, definitivamente, un autor de esos a los que considera su maestro —Unamuno, Baroja, Pérez Galdos— no se hubiera atrevido un loco que envenenara hostias —que por cierto se venden envasadas y se obtienen en máquinas expendedoras— para sembrar el pánico en una Madrid post-franquista.

“Hace muchos años —señala el autor, sin parar de hacer chistes— escribí un relato que nunca publiqué. Se me ocurrió de pronto, hace muchos años, con más whiskies de la cuenta, la frase «hostias consagradas envasadas al vacío», la anoté en una libreta, pero a mí se me ocurren las ideas y tardo mucho tiempo en comprender qué significan. Es como si alguien dentro de mí me diera pistas para ponerme a trabajar, y ahí me puse a trabajar y a pensar, y se me ocurrieron las máquinas expendedoras de hostias consagradas, que es una metáfora del supermercado espiritual en que se ha convertido la religión”.

“Y ahora que lo pienso —continúa— esto pudo haber surgido cuando leí en algún lado que el Vaticano había aprobado las confesiones por Internet. Yo digo: te metes en Vatican web, das tu número secreto, «Ave María Purísima», tecleas, y te mandan en un SMS tu absolución. Las «visitas» del Papa son puro marketing, y quería ilustrar todo eso, aunque también el futbol podría ser considerado una religión, ¿no?”.

 

Personajes reales y ficticios

Todo está perdonado es una mezcla precisa de personajes reales y ficticios. Se codean los unos a los otros con tal naturalidad, que el lector no puede evitar preguntarse, por ejemplo, si Perico Gamazo fue tan real como Francisco Franco.

Sin embargo, los primeros tienen una diferencia muy clara con los segundos: “Los ficticios se codean con los reales, y estos pertenecen a ese tipo de familia franquista que fueron privilegiados durante la dictadura, ¡y ahí siguen! Nadie los ha movido. Y si le das vuelta a la tortilla, ellos permanecerán arriba. Mi novela, en ese sentido, es toda una indagación sobre el poder real y reúne la visión de quienes han hecho la historia, y de aquellos a quienes les han hecho la historia… y la padecen”.

Le digo a Rafael —y de verdad, no es exageración— que la suya es una de las prosas más impecables y perfectas que recuerdo haber leído, por lo menos en un autor español de su generación, a lo que responde sin anteponer falsas modestias:

“Hay escritores que consideran que un clásico es Raymond Caldwell, ¡pero no puedes pretender escribir si no has leído a Melville, ¡o a Faulkner! Dirijo en el Hotel Kafka (una escuela para escritores situada en Madrid) un curso titulado «Novela policiaca para escritores», y me llevo a mis alumnos a ver cómo se realizan las autopsias, cómo son de verdad los policías, y hasta los hemos acompañado a pegarse de tiros. Hemos visitados cárceles, asesinos en serie, psicólogos. Les digo «vamos a ver cómo es una placa de un policía», porque luego te muestran una placa falsa y no tienes la menor idea. Les damos a observar fotos de la escena de un crimen para que reconstruyan los hechos. En pocas palabras: se les enseña a mirar. Tenemos además un frigorífico con bebidas alcohólica, y es donde más se aprende”.

Concluye confiándonos que se encuentra escribiendo una novela de terror que ¡de verdad!, espera que asuste a los lectores.

Entre los variados títulos de este autor se encuentra uno que se antoja muchísimo leer: Autobiografía de Marilyn Monroe.