En torno a la vida de Acción Nacional

 

Salvador Abascal Carranza

(Segunda de tres partes)

En la historia del pecado original, la falta que cometen Adán y Eva contra el mandato divino, tiene un doble componente: por un lado, el pecado de soberbia, que significa la rendición total frente a la tentación de la serpiente, la cual seduce a Eva diciéndole, no ciertamente, que si come el fruto del árbol prohibido, experimentará un gran placer, sino el ya conocido: “seréis como dioses”. Esta es la expresión perfecta del pecado capital de la soberbia. No me compete hacer aquí el análisis que, para mi gusto, es el pecado de pecados, porque encarna el vicio supremo del poder por el poder: el non serviam. Ciertamente, la soberbia no sólo es un pecado asociado a la política, sino que invade todas las esferas de la conducta humana. También creo que, en ese preciso momento, Adán y Eva inventaron la lujuria.

Y un tercer pecado, el de la gula, quizás por el delicioso sabor de las manzanas del Paraíso (no creo que “el árbol del bien y del mal” haya producido solamente una manzana; me imagino que habría allí manzanas en número suficiente como para hartarse). Tampoco me toca abordar el tema de la gula; sólo lo dejo como un apunte.

La lujuria en la política es, de entrada, un deseo ardiente, no de servir a los demás, sino de servirse de ella para darse el lujo del poder y de los lujos y deleites que trae consigo. Como si el poder, entendido honestamente, no implicara precisamente lo contrario: aceptar con alegría los sinsabores, las angustias y el peso de la carga de la enorme responsabilidad que aquél supone. Para ilustrar mejor esta afirmación, no puedo resistir la tentación de relatar un hecho que, por sí solo, constituye una lección perfecta de lujuria, como pecado capital, contra la templanza política, como búsqueda del bien común.

Eran los tiempos de la LV Legislatura del Congreso de la Unión. Junto con otros 88 panistas, pertenecía yo al grupo parlamentario de Acción Nacional.* Los debates eran intensos y, generalmente, de gran calidad parlamentaria. Al término de uno de esos debates, en los que desde la tribuna defendí la postura del PAN, que siempre ha sido la mía, respecto de los nobles fines de la política y de la necesidad de la democracia, se me acercó un diputado del PRI, de nombre Roberto Madrazo Pintado, para decirme lo siguiente: “Mira, Salvador, eso del bien común y de la democracia están muy bien para el debate. Ustedes, los panistas, son unos románticos de la política, de la democracia. Porque están en la oposición. Ya los quiero ver, en qué se convierten, si algún día llegan al poder (cosa que, por supuesto yo no llegaré a ver, añadió RMP); serán igual que nosotros. Entonces entenderán lo que  realmente es la política y disfrutarán, como lo hacemos nosotros, del poder que no han tenido. Créeme, Salvador, entonces sabrán los panistas (en el hipotético caso de que lleguen a ganar) lo que para nosotros ha sido y es el poder. ¿Quieres que te diga lo que es el verdadero poder, en unas cuantas palabras? El poder es el único placer que dura 24 horas.”

No creo que se pueda encontrar, en toda la historia de México, una expresión que ejemplifique mejor lo que es la concupiscencia del poder y el pecado capital de la lujuria, aplicado a la política. Además, el cinismo en su máxima expresión. Ciertamente, los ejemplos abundan, especialmente en la larga era del PRI. Roberto Madrazo ha sido congruente con lo que dijo. Todos lo sabemos, no sólo por lo que dijo, sino por lo que hizo y han hecho sus compañeros priistas: “La «moral» es un árbol que da moras”, dijo Gonzalo N. Santos, cacique y gobernador de San Luis Potosí. “No hay general que resista un cañonazo de cincuenta mil pesos”. “No pude haber robado tanto como dicen, porque sólo tengo una mano”; ambas, expresiones de Alvaro Obregón.

“Si por las armas conquistamos el poder, por las armas nos lo tienen que quitar”: Fidel Velázquez. “Un político pobre es un pobre político”: Carlos Hank González, más su hijo Jorge, más Montiel y compañía (Peña Nieto, entre otros muchos), más Chaires, más Moreira, etc., etc., etc.

La irresistible referencia (mea culpa) a los pecados capitales del PRI,  es mi deber explicar que obedece a dos razones: la primera, porque ese partido y sus gobiernos han sido el ejemplo vivo, la expresión perfecta, del grado al que puede llegar y ha llegado la corrupción del quehacer político en México. La segunda, porque de alguna manera (sin exagerar, por supuesto), se ha cumplido en algunos panistas la profecía de Madrazo: “seréis como nosotros”.

*Según Juan José Rodríguez Prats, el de la LV Legislatura ha sido el grupo parlamentario más sólido y talentoso, de la historia de Acción Nacional (Rodríguez Prats dixit).