Falta de solidez intelectual

Raúl Rodríguez Cortés

No es un secreto lo mucho que se ha invertido en la imagen de Enrique Peña Nieto ni novedad que se le considere una figura política cuya abismal ventaja en las encuestas electorales para 2012 está sostenida en una muy bien planeada, cuidada y costosa presencia en los medios de comunicación masiva, sobre todo en la televisión.

La estrategia de medios que lo ha llevado a las alturas empezó prácticamente con su gestión al frente del Estado de México en 2006. De entonces a la fecha ha seguido el guión escrupulosamente, casi sin salirse de él. Cuando algunas circunstancias inesperadas lo han llevado a la improvisación, no ha salido muy bien librado. De ahí que sus adversarios digan que es un hombre con mandíbula de cristal, es decir, que con los primeros golpes que le asesten sus competidores en la campaña presidencial, se romperá en pedazos o saldrá muy traqueteado, sobre todo cuando quede completamente expuesto a la intemperie de la lucha política y el debate de las ideas, ya sin el apoyo del aparato que lo cobijaba y apuntalaba desde el palacio de gobierno de Toluca.

Un ejemplo de esa falta de solidez intelectual, de profundidad de ideas y de capacidad para improvisar se pudo ver el fin de semana pasado en Guadalajara, donde Peña Nieto participó en la Feria Internacional del Libro.

Su conferencia “Por un acuerdo nacional para impulsar el desarrollo” y los comentarios a su libro La gran esperanza fueron escrupulosamente presentados hasta que, en conferencia de prensa posterior, se le pidió que mencionara las tres lecturas que más influyeron en su formación.

Titubeó al empezar a eslabonar su respuesta: “Pues he leído varios, desde novelas que me gustaron en particular”. Luego confesó algunas fallas de la memoria: “Difícilmente me acuerdo del título de los libros pero la Biblia es uno. La Biblia en algún momento de mi vida y algunos pasajes bíblicos. No me leí toda la Biblia, pero sí algunas partes. Sin duda, en alguna parte de vida fue importante, sobre todo en la adolescencia”.

Siguió un Peña Nieto vacilante: “Leería algo que seguramente mi vocación por la política alentaba este espíritu. Fueron varios libros, algunos”. Y cuando finalmente dio un título dijo: “La silla del águila de… Krauze”.

No se detuvo en el error, había confundido a Carlos Fuentes, autor de ese libro con Enrique Krauze. Y siguió empequeñeciendo conforme se enredaba más: “…hay otro libro de él que quiero recordar el nombre, sobre caudillos, no recuerdo el título exacto, estamos hablando de la descripción que él hace del México y de cómo transitamos del México de los caudillos al México institucional y creo que además el gran sustento histórico, fue un libro que me gustó”. Se refería a Siglo de caudillos: Biografía del poder, éste sí de Krauze.

Cuando el control de daños respecto a lo ocurrido era puesto en marcha, vino el retweet de su hija Paulina en que llamaba “pendejos” de la “prole” a los críticos de su padre, en una comprensible reacción de defensa, pero que muestra el desprecio, la soberbia y el clasismo de las élites políticas y económicas.

Para ser un buen político quizás no se requiera una cultura enciclopédica, pero es preciso tener referentes mínimos de conocimientos para la correcta toma de decisiones, además de la lucidez para salir avante, sin tanto cantinflear, de atolladeros como el narrado.

Parece, sin embargo, mucho pedir, a la vista de lo que ocurriría después con el aspirante a la candidatura presidencial del PAN, Ernesto Cordero, quien atribuyó a la artista plástica colombiana Isabel Restrepo El libro de la pasión que en realidad escribió la también colombiana Laura Restrepo; o con el aspirante del PRD a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal que atribuyó a Mario Vargas Llosa la celebérrima novela de Gabriel García Márquez Cien años de soledad.

No se trata de deslumbrar con lecturas y conocimiento, se trata de mostrar empaque y solidez intelectual, primordiales para ganar la confianza de la gente a la que pretenden gobernar.

Hay quienes creen que el dislate tapatío de Peña Nieto podría marcar el día en que el ex gobernador del Estado de México perdió la elección presidencial de 2012, lo que en particular no comparto si nos atenemos a la corta memoria de la ciudadanía en general y su poco interés en la cosa pública (sólo 9% está interesado en política, dice la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky).

Sin embargo no deja de ser preocupante que dicho desinterés permita llegar al poder a quienes muestran desde ya una vacuidad intelectual que nada ayuda en la toma de las graves decisiones que requiere el país y una grave proclividad a ser completamente manipulables.

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@RaulRodriguezC