Ricardo Muñoz Munguía

En la penosa actualidad, en un país con heridas abiertas y, quizá lo peor de todo, con un futuro que se avizora aún más temible, existe la cordialidad de la música: el gran rescate ante la danza de la violencia.

Luis Antonio Zamora Aguilar (Chihuahua, 1987) muestra a la música con su quehacer creativo. Con su literatura le da cuerpo al sonido, los instrumentos se afianzan a la sensibilidad, el oído es puente para la transformación y la música hace volar la imaginación y el espíritu. De ello se encarga el joven escritor en el volumen que hoy nos ocupa.

Programa de mano, inscrito en la colección Narrativa, se etiqueta mejor con la prosa poética. Las tres partes en que se divide el volumen se concentran en relatos con títulos como “Concierto para piano número 2 en do menor, op. 18”, el subapartado “Divertimento vocálico y consonántico” o una “Sinfonía Concertante”. En la mayoría de ellos se delinea el gesto del miedo, entre los personajes, tanto en diálogos como en circunstancias, se van dando luces negras de la desconfianza, del abuso, del acoso. También, un excelente atractivo son las luminarias de colores; se utilizan los amarillos, rojos, azules para moldear una actitud, un sitio, el tiempo.

Por otro lado, la música es absorbida por la música de la ciudad: “La viola ha quedado lejos, olvidada, y va decayendo por el tragadero de una barranca. Las pupilas gustativas quieren probas más el dolor de su madre sumergida en la orfandad. Todo se torna paradójico, tan sin gracia, tan pesadilla que escuchas un solo de triángulo por más de cuarenta minutos de cadencia aburrida e interminable como el paisaje citadino de las ocho-cincuenta-y-tres-de-la-mañana”. Evidentemente, Zamora Aguilar es de los escritores que saben transformar en literatura la nostalgia de lo valioso que va hundiéndose en cierto olvido: la música. Con su labor hace la añoranza por la mejor edad de la música, una edad que, con el trabajo que nos entrega Luis Antonio, es una parte del gusto recobrado.

Los personajes de Zamora Aguilar pueblan un universo que se despliega entre la bruma contrastante del odio y del amor, de la burla y la atracción, del engaño y la fidelidad, del acoso y la libertad. Con palabras tomadas del Preludio del libro: “Este es el sueño de Antonio Tlachi: escribir la música con el lenguaje de la literatura. Usar la tinta o el grafito como nuevo instrumento ejecutante. La voz o el pensamiento que lee, la misma melodía que va desarrollándose en el habla, en la palabra, en la imagen descrita. Antonio trata de hacer música con las letras porque él ama la música y ama la literatura”.

Luis Antonio Zamora Aguilar, Programa de mano. Solar (Narrativa) / Instituto Chihuahuense de la Cultura, México, 2011; 129 pp.