Hombres que honran el PRI
Alfredo Ríos Camarena
En mi colaboración cotidiana, suelo tratar temas de análisis político y constitucional; hoy abro un paréntesis para dedicar estas modestas letras a la memoria de un ciudadano ejemplar.
Hace pocos meses, el gobernador de Chihuahua, César Duarte, nos invitó a presentar un libro editado por la Cámara de Diputados, sobre la biografía de los personajes que se encuentran en el frontispicio del Recinto Legislativo, entre otros invitados, viajamos a esa entidad: Augusto Gómez Villanueva, Hugo Castro Aranda, Mariano Palacios Alcocer, Rafael Rodríguez Barrera, Miguel Angel Porrúa y el que esto escribe; en el emotivo acto, fue relevante la participación, como siempre, de nuestro amigo Rafael “el Chel” como cariñosamente le llamábamos sus amigos; semanas después, Miguel Angel Porrúa nos invitó a una generosa cena a quines habíamos participado, y a la que asistió nuestra anfitriona y guía la licenciada Adriana Fuentes, secretaria general del partido en Chihuahua.
En esta deliciosa cena surgieron los mas variados comentarios inteligentes y analíticos sobre la cultura, la política y el destino nacional; una vez más, Rafael subrayó su amor por su Campeche natal, y propuso un viaje que debería celebrarse en estas fechas; lamentablemente el destino no permitió esta nueva cita, pero perdura, no sólo en la conciencia de sus amigos, sino en muchos mexicanos, su talento, su cultura y su elegante forma peninsular de hacer política.
Rafael fue un hombre a quien tuve el honor y gusto de tratar desde muy joven, desde que fuera diputado local, y más tarde, diputado federal y gobernador de su estado; embajador de grandes relaciones, haciendo el honor a la política internacional mexicana en Israel; secretario y subsecretario de la Reforma Agraria, defendiendo con inteligencia y finura los principios agraristas; legislador y jurista, conocedor a fondo de las formas literarias; Rafael fue también comisionado presidente de la Comisión Nacional de Procesos Internos, ahí trabajamos varios años juntos, y consta, a quienes formamos parte de esa comisión, la caballerosidad y sencillez de su presidente y la elegante forma de manejar convocatorias y elecciones.
Rafael fue un hombre de ésos que honran al Partido y a México, su figura es la expresión de muchos priístas inteligentes y preparados, que tienen como denominador común su solidaridad ideológica en el PRI.
No es verdad que los políticos priístas sean ignorantes y tramposos, como dicen sus detractores; en el seno de este partido existen numerosos militantes con altas calificaciones, intelectuales y éticas.
Rafael, sin duda, fue un militante de excelencia y representativo de una generación que entiende la política, no sólo como la obtención del poder, sino como la realización de principios programáticos que dan fundamento a este instituto político. Estuvo en la última reunión del Consejo Político Nacional, como siempre, amable, sencillo y solidario; el partido parece que hoy, con la designación de Pedro Joaquín Coldwel, retoma la utilización de ideologías y formas de aquéllos que se han destacado por sus cualidades cívicas, como: Mariano Palacios Alcocer, Rafael Rodríguez Barrera, Rodolfo González Guevara, Augusto Gómez Villanueva, Heladio Ramírez López y muchos mas, quienes han honrado su participación política con el estudio y la sensibilidad.
El ejemplo de Rafael seguirá siendo un paradigma de conducta y de esperanza, su fina ironía, su inteligencia y su capacidad de escuchar, serán siempre lección para quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos.
El partido atraviesa por una etapa de renovación y de cambio; no sólo se trata de obtener el triunfo electoral, sino de darle un rumbo renovador a la conducción política, que debe estar regida, más allá de la ambición y de la soberbia, por los principios ideológicos que nos permitieron la construcción de una patria que aspira a la justicia social como principal objetivo; a esa causa le sirvió a plenitud durante su larga vida pública, don Rafael Rodríguez Barrera. Descanse en paz.
