Gonzalo Valdés Medellín

Este 2011 fue un año de muchísima oferta a través del teatro independiente y también del comercial. Pese a que la crisis se acentuó, tanto como la violencia, los teatristas mexicanos no cesaron en su proponer continuo de obras, espectáculos, y de dar al público infinidad de trabajos con amplio, abundante y variado abanico de temáticas, formas y fondos. Directores como Richard Viqueira reforzaron su presencia con obras de todos colores y sabores de la camada nueva de libretistas escénicos como Colio, Chías y el propio Viqueira, quien sin duda por su talento ha tenido grandes oportunidades y seguirá teniéndolas. En el contexto del teatro de vanguardia, Viqueira encabeza la nómina de los directores mejor dotados
—expresivamente hablando—, siendo ya ejemplo para los muy jóvenes y aún para los no tanto. En el teatro comercial obras como Si nos dejan, Muertos de miedo, Mentiras, Confesiones de mujeres de 30, Peter Pan, El Pelón en sus tiempos de cólera, Recordando al Cavernícola y muchas más, pusieron el acento en la productividad incontenible de Ocesa como una fuente de trabajo para actores, bailarines, coreógrafos, cantantes y demás creativos mexicanos, al tiempo en que se entregaba a la edificación de obras maquiladas (en su gran mayoría con mucha eficacia). La dama de negro prosiguió su camino del éxito con casi quince años de representaciones bajo la dirección de Rafael Perrín. Teatro El Milagro continuó apoyando el teatro de los jóvenes con lecturas dramatizadas y propuestas de índole contestatario caso de Nada es para siempre de Verónica Bujeiro que dirigió con gran apasionamiento el joven y talentoso Ginés Cruz, sin duda el creador escénico que ya le viene pisando la sombra, en buena lid, al inquieto Viqueira, con propuestas siempre de dimensiones considerables en cuanto a visión estética y hondura psicosocial se refiere, que hacen de Ginés Cruz uno de los jóvenes directores de mayor relevancia en el panorama actual de nuestro teatro. Dos obras se representaron en un solo programa doble: Muchacha del alma de Jesús González Dávila y Atlántida de Óscar Villegas con las actuaciones encomiables de Leo Dávila y Marco Zapata y producción de Ficcionarte. La obra de Enrique Mijares, dramaturgo y académico duranguense, Giro negro, arribó a las cien representaciones con la actuación de Emmanuel Ávalos y la dirección de Wilfrido Momox, en el Foro el Foco, mismo que albergó propuestas de Teresa Selma: El último verano de Sarah Bernhardt y de Javier Velázquez: El hombre de la rata; así como el musical Lo que el viento no se llevó, entre otras muchas. Luis Miguel Contreras Tacuilo interpretó con argucia la obra de Edward Albee La historia del zoológico en el Teatro de la Lotería Nacional. Y Noé Morales Muñoz estrenó su ópera prima Hitler en el corazón. Importante para la historia de nuestra dramaturgia fue el xix Encuentro Latinoamericano de Teatro en la ciudad de Puebla, que este año rindió homenaje al doctor Guillermo Schmidhuber de la Mora, quien fue celebrado por el gobierno de Puebla y con el montaje de La secreta amistad de Juana y Dorotea por el grupo Cómicos de la Legua. También vio Schmidhuber este año la edición de su libro de relatos Las niñas marinas; y la lectura dramatizada de una de sus más recientes obras: El túnel de la libertad. Felipe Galván dirigió la lectura dramatizada de Los héroes inútiles. Dramaturgo premiado fue Hugo Salcedo quien está incluido en la antología Teatro Mexicano Contemporáneo de Olga Martha Peña Doria, con su obra Bulevar y que integra las obras Dramasutra de Schmidhuber, 1968, en las tinieblas húmedas de Héctor Martínez Tamez y A tu intocable persona de quien redacta, antología lanzada a finales de diciembre de 2010 por Emergentes Editorial de Buenos Aires, Argentina. Se llevó a cabo en Guanajuato el encuentro Siete Caminos Teatrales con la participación de Jesusa Rodríguez, Estela Leñero y Julia Varley, entre otras, bajo la coordinación de Amaranta Osorio. Elia Vargas Sastré publicó su monólogo Muerte irredenta en Amarillo Editores y, hablando del tema de la muerte, Teresa Selma retornó a su unipersonal La muerte burla burlando, con textos de Sergio Magaña, entre otros. También con el tema de la muerte Alberto Rojas El Caballo presentó La Catrina, gran rescate de la estética de José Guadalupe Posada y uno de los mejores monólogos que sobre el tema se hayan realizado en los últimos tiempos. Susana Alexander ideó Las tardeadas con Susana Alexander reponiendo varios de sus espectáculos como Afectuosamente suya…, Madre sólo hay una, ¡y como yo ninguna! y Viaje al corazón de las palabras. También continuó Susana Alexander con Cómo envejecer con Gracia de Mayo Simon, acompañada por Norma Lazareno y cerró el año con Yo soy una buena madre, abuela, suegra judía. En Cadac se rindió homenaje a la memoria del maestro Héctor Azar con el montaje de La incontenible vida del señor Tah Kah Brown. Nailea Norvind actuó en la obra de Milán Kundera La inauguración. Mauricio García Lozano dirigió La pequeña habitación al final de la escalera de la dramaturga canadiense Carole Frèchette, con la compañía mexicana Teatro del Farfullero en el marco del 39 Festival Internacional Cervantino donde también dirigió José Caballero Noches islámicas de Héctor Mendoza, con muchos asegunes. Y en el contexto del Festival Cervantino destacaron la ópera Il Postino de Daniel Catán en una mágica puesta en escena, y grandes desempeños interpretativos, como un homenaje póstumo al compositor mexicano fallecido en 2011. Con L’effet de Serge (El efecto de Sergio o El efecto Sergio) de Phillippe Quesne en el Teatro Cervantes de Guanajuato; Quesne logró un intenso, cuestionador, incisivo trabajo escénico, de una enorme limpieza conceptual en su trazo dramático, destacando la escenografía que logra dotar de hondura visual y apreciativa la obra; conmovedora. La compañía Téatres des Bouffes du Nord presentó en el Teatro Juárez la controversial puesta en escena de Peter Brook a La flauta mágica de Mozart, manifestando que la teoría del Espacio Vacío de Brook sigue caminando con vigencia; no obstante, para los conocedores, es un teatro que si no supera las expectativas, tampoco hace mella en la consecución de un buen rato de esparcimiento con la deliciosa obra mozartiana, para que las nuevas generaciones conozcan a Peter Brook en todas sus dimensiones, y testifiquen el trabajo de un creador escénico que, al paso del tiempo, ya lo hacen un clásico viviente, y uno de los últimos sobrevivientes de entre los creadores que revolucionaron el teatro en el siglo XX. Arturo Adriano actuó en la obra Efebos, de Christian Beristáin; Magdalena Solórzano y Omar Alejandro repusieron con gran éxito en el Museo del Chopo El periquillo sarniento de José Joaquín Fernández de Lizardi, el grupo Cempoa continuó con sus representaciones de la provocadora puesta Hierro y memoria. Miguel Sabido estrenó Soldadera con Martha Zavaleta. Austin Morgan repuso La niña de Tecún. En Acapulco Luis Arbesú presentó su obra Las Últimas. Carlos Valdez retomó varias de las obras de su repertorio en Ciudad Victoria, Tamaulipas, y celebró su Festival de Teatro Nuevo Santander 2011. Y con broche de oro cerró el año la gran directora Marta Luna con la puesta en escena del texto de creación colectiva Ángeles técnicos vs Demonios rudos. Grandes pérdidas para el teatro mexicano fueron los fallecimientos de Loló Navarro, actriz, directora y maestra; Margarita Villaseñor, dramaturga y poeta; de la maestra Soledad Ruiz, académica de la unam, notable formadora de actores y gran directora; la muerte de Carlos Solórzano dramaturgo que entregó su vida a la enseñanza y dejó no pocas obras de relevancia; pesar en el cine y la televisión dejaron la muerte del comediante Gaspar Henaine Capulina, del actor Jorge Lavat y de la actriz Rosángela Balbó; murió el actor Chucho Reyes; e impacto dejó en nuestro medio el bestial asesinato de la actriz, activista social e investigadora literaria Julia Marichal. Imposible no mencionar que este año también se llevó a Elizabeth Taylor enorme icono de la cinematografía mundial que en su haber tuvo no pocas adaptaciones de grandes piezas teatrales al cine tales como La fierecilla domada, de Shakespeare, ¿Quién le teme a Virginia Woolf? de Edward Albee o La gata sobre el tejado caliente de Tennessee Williams, por sólo mencionar algunas de las más relevantes.

No están todos los que son ni son todos los que están; el espacio es pequeño, pero cabe subrayar que, como mencioné al inicio de estas notas, la oferta de teatro ha sido muy amplia y variada. Por desgracia, al parecer la demanda no ha sido igual, el público está dejando de ir al teatro; en algunos casos, cuando la oficialidad protege (llámase inba; unam, Secretaría de Cultura del df o conaculta), medio las obras salen avante en su afluencia de público. Por desgracia es muy ardua la tarea que deben librar los creadores independientes para capturar público que los haga sostenerse en sus temporadas, desde los foros alternativos o en la búsqueda de nuevos espacios para la expresión del arte dramático y ojalá sea ésta una preocupación que pronto tenga respuestas a la medida, a favor del rescate del público contemporáneo y de la formación de nuevos públicos. ¡Feliz año 2012 y que el teatro nos proteja!