Vicente Francisco Torres
(Segunda de tres partes)

Siempre que se habla de Céline dicen que le encanta husmear en las cloacas y, en consecuencia, su prosa está empapada de esa realidad, de las metáforas que propicia y del lenguaje bronco, soez, de la gente que habita esos infiernos. De aquí su fuerte oralidad, impregnada de las jergas marginales. Sin embargo, estos elementos no constituyen una pose, porque Céline no es un escritor que hable de los marginados desde su cómoda casa rodeado de honores. A este respecto, vale la pena mirar su iconografía en donde aparece dando de comer a perros, pericos y canarios, mal vestido y sucio en una casa desordenada. Todas estas estampas parecen decir que prefiere a los animales. En un video que se encuentra en Internet le preguntan dónde conoció la naturaleza y él, como un niño, responde que, primero, en el cementerio y, después, camino de la escuela. Me parece que asumió su literatura como una especie de destino, y esto permeó su expresión literaria: “Bajo la guillotina, mi madre habría sido capaz de reñirme por haber olvidado la corbata”.

La estancia africana de Ferdinand Bardamu, es decir, el testimonio africano de Céline, se escribió casi al mismo tiempo que se estaban haciendo en América las grandes novelas de la selva, llamada por aquel entonces el infierno verde, término que Céline no usó pero que bien podría titular sus descripciones de los bichos, las fiebres, las diarreas y los ruidos nocturnos que impedían conciliar el sueño. El toque de Céline aparece cuando afirma que, por los tremendos calores, a las europeas la menstruación les duraba dos o tres semanas, o que los empleados de las colonias organizaban concursos de fiebre: “Transpiro tanto, decían los triunfadores, que ya no puedo mear”.

En África vuelve a abandonar el empleo y se convierte en un desertor doble. Se refugia en una colonia española y, como la fiebre lo tiene postrado, no se da cuenta que lo venden al patrón de una galera, la Infanta Combbita, y cuando recobra el sentido, está en alta mar, rumbo a Estados Unidos. Ya en América, recluido en cuarentena, se fuga nuevamente.