Calderón muestra sin recato lo peor de su persona

Marco Antonio Aguilar Cortés

Michoacán.- “!Ganamos, Presidente!, Luisa María será gobernadora, nuestras encuestas nos dan ventaja clara!, esto es muestra del buen gobierno que se ha hecho!” Estas fueron las palabras que por teléfono pronunciaba el líder nacional del PAN, Gustavo Madero Muñoz, al presidente Felipe Calderón Hinojosa, a las 17.45 horas del 13 de noviembre del 2011.

Ante el cumplimiento de ese sueño fraterno, Felipe Calderón debió de haberse sentido en la cúspide del éxtasis. ¡Qué domingo más hermoso! En ese momento el discurso de Felipe fluyó con embriagado embeleso.

Empero, horas después, a las 21 horas de ese mismo día, Gustavo Madero volvía a comunicarse con el verdadero jefe del PAN, dándole una noticia diferente: Se perdió Michoacán. Y esta nueva información le cayó como piedra, lanzando “pendejos” por doquier.

Todo lo anterior según nota periodística de Salvador García Soto en El Diario 24 Horas, en donde se observan las variaciones con incongruencia que suele tener en su discurso Felipe Calderón.

Y es que el discurso de Calderón Hinojosa, todavía presidente de los Estados Unidos Mexicanos no resiste análisis lógicos. Sus palabras de joven, sus palabras de diputado opositor, sus palabras de candidato a la primera magistratura del país y sus palabras de titular del Ejecutivo Federal en el sexto año de su ejercicio no reflejan congruencia en su desarrollo.

Acaso sólo son eso: palabras, sin llegar a configurarse como un consistente lenguaje que sostiene, conceptualmente, el discurso vital de una persona.

Esos mensajes orales del Presidente de México, tan zigzagueantes como superficiales, tan llenos de vísceras, no traslucen solidez ni dirección precisa; confunden tanto a la población, que ésta termina por descalificar al emisor, y a los repetidores del jefe.

Hace poco, todavía no habíamos asimilado su discurso para homenajear a cinco distinguidos panistas, a quienes tan simplonamente declaró “héroes y mártires”, y sobre los que, utilizándolos de pretexto, mandó mensajes para descalificar toda la costosísima elección a la gubernatura de Michoacán ganada, según él, por el crimen organizado, cuando ya estaba tratando de recomponer su alocado decir.

Y es que todo lo fincó en supuestas pruebas que no tienen el alcance probatorio que él pretende, ni en lo sustancial ni en el ámbito espacial correspondiente: en el atroz asesinato del presidente municipal de La Piedad, y en un mensaje publicado en el periódico A. M. que circula sólo en ese municipio del noroeste del estado, vecino con Guanajuato.

La lógica le replicó de inmediato, a través de responsables analistas: “ese asesinato le ayudó al PAN a ganar La Piedad”; “pero esa causal puede conducir a nulificar las elecciones en La Piedad, no las de todo Michoacán”; “el responsable de la seguridad y de la procuración de la justicia, en materia de crimen organizado, es el propio presidente de la república, a través de sus colaboradores correspondientes, y al respecto nada han hecho”.

Pero si esa elección a la gubernatura de Michoacán la hubiese ganado su hermana, Luisa María Calderón Hinojosa, como fue la primera información que recibiera del dirigente formal del PAN, el discurso del presidente Calderón hubiese sido otro: “se le ganó a la delincuencia organizada; Michoacán, y los michoacanos, hemos triunfado”, y de inmediato se hubiera comunicado telefónicamente con la Cocoa para felicitarla, brindándole todo el apoyo incondicional del gobierno federal.

Al resultar la elección a favor del PRI y de Fausto Vallejo Figueroa, el discurso del presidente Calderón Hinojosa fue distinto, incongruente y aturdido, faltándonos al respeto a todos los michoacanos que votamos, en plena libertad, responsablemente, y conscientes de la manera en que emitimos el sufragio.

Tomas Tranströmer, el poeta sueco a quien se le acaba de entregar el Premio Nobel de Literatura, desde hace años subraya un consejo para todos: “el ser humano debe emprender, siempre, un viaje al centro de las cosas”. Por qué no intentamos utilizar, en nuestra vida política, ese señalamiento literario, señor Presidente, antes de pronunciar o escribir nuestras palabras, y más en el caso de usted, por su grave responsabilidad.

 Mire que ahora, señor Presidente, está mostrando a todo México, sin ningún recato, lo peor de su persona. No sólo insultarnos a todos los michoacanos como lo ha venido haciendo, sino pretender a través de Gustavo Madero burlar y violar el voto que emitimos la mayoría de los morelianos a favor del profesor Wilfrido Lázaro Medina, para imponer a Marko Cortés.

¿Cómo pueden ser capaces el PAN, su dirigente real y su líder formal, de tamaña afrenta? Ante su ira personal por ese resultado electivo, qué mal hizo al provocar que Madero fuera a ver al presidente nacional del PRI, Humberto Moreira, para plantearle: “Yo tengo que darle algo al Presidente, no puedo volver con las manos vacías, te ofrezco una negociación: déjenos la alcaldía de Morelia y a cambio frenamos las investigaciones en tu contra por la deuda de Coahuila”.

Y que bien hizo Moreira al contestar un “no” terminante, y determinante para respetar el voto ciudadano, el que se contó uno por uno, ganando la presidencia municipal de Morelia Wilfrido Lázaro Medina.

Cuando los casos de Michoacán lleguen ante el Poder Judicial de la Federación, el Tribunal Federal Electoral, seguramente que el Poder Ejecutivo a su cargo querrá afectar la independencia y el ejercicio soberano de ese poder, y vulnerar la voluntad ciudadana.