Desempleador

Humberto Musacchio

Marcelo Ebrard ha tenido aciertos indudables en su gestión al frente del gobierno capitalino, entre otros mantener y mejorar los programas sociales (pensión a “viejitos” y madres solteras, becas y bolsa de trabajo), así como promover y lograr la despenalización del aborto, el llamado matrimonio gay y la adopción por parejas del mismo sexo, asuntos dignos de toda consideración en una ciudad de muy amplia pluralidad, altamente politizada y con los mejores índices de escolaridad del país.

Junto a sus indudables aciertos, tiene también saldo rojo en varios renglones. Es muy grave que en una ciudad saturada de automóviles, en lugar de construir los aparcaderos que se requieren con urgencia, el jefe de Gobierno haya optado por instalar parquímetros, por ahora en Polanco y después donde los vecinos se dejen. Con los citados aparatos no aumenta la capacidad de estacionamiento de la ciudad, sino que incluso se suprimen lugares.

No mejorará la circulación, pues se deja el mismo espacio al paso de vehículos. Se complica la existencia de quienes se estacionen, pues los parquímetros sólo admiten el pago de tres horas, con lo cual los empleados y vecinos de la zona tendrán que abandonar sus actividades para ir periódicamente a depositar más dinero, y para colmo los habitantes de esa parte de la ciudad ya no podrán dejar sus automóviles frente a sus casas, pues la empresa privada que manejará las máquinas tragamonedas será implacable a la hora de colocar inmovilizadores.

Alguien preguntará por qué las agrupaciones de vecinos no protestan. La respuesta es muy sencilla: Ebrard los maiceó, pues a los líderes de colonos les entregará un porcentaje de lo recabado por los parquímetros, dizque para obras de la colonia, como si no fuera obligación del propio gobierno hacerlas.

Ante la falta de estacionamientos y con las calles saturadas, Marcelo Ebrard simplemente se encogió de hombros. Con sus parquímetros no resuelve problemas, pero sí los crea, porque, para estimular un inaceptable clasismo, de un solo golpe despoja de sus precarios empleos a cientos de personas que trabajan en las calles de Polanco acomodando coches, ayudando a encontrarles lugar, lavándolos, encerándolos y hasta haciéndoles pequeñas composturas.

El negocito de los parquímetros es un severo golpe a los “viene-viene”, una muestra de deshumanización que contradice el discurso popular o populista del PRD, pone en la indefensión a cientos de familias y exhibe el verdadero talante de un gobierno insensible ante las necesidades de los pobres. ¿Será por el año de Hidalgo?