Mensaje de condolencias por la muerte de Kim Jong Il
Salvador Abascal Carranza
La verdad es la única cosa en el mundo que produce heridas incurables.
Jean Dutourd
A finales de diciembre del 2011, a propósito de la muerte del dictador de Corea del Norte, Kim Jong Il, (17 diciembre de 2011) hijo de Kim Il Sung, fundador de la República Popular de Corea, la Comisión Ejecutiva Nacional del Partido del Trabajo de México emitió un comunicado, una especie de oración fúnebre, que aún se puede leer en la página web del PT (a menos que lo hayan quitado en las últimas horas) y que dice lo siguiente:
El Partido del Trabajo de México lamenta el sensible deceso de nuestro camarada Kim Jong Il, líder del pueblo de Corea del Norte, y quien con gran sabiduría condujo a los norcoreanos por el camino de la paz y el desarrollo económico, político, social y cultural. Sus aportaciones son, sin duda, un legado de suma importancia para todos los pueblos que buscan su liberación de las cadenas del capitalismo salvaje, siguiendo el ejemplo de su padre Kim Il Sung, fundador de la República Popular Democrática de Corea, quien hasta el último aliento luchó por un mejor país. Reconocemos en ellos su liderazgo y su fortaleza para conducir los destinos de su gran nación.
Descanse en paz
Para quienes pensábamos que este tipo de elegía por un sátrapa asesino de su propio pueblo, y de su padre, tan sanguinario como su hijo, había muerto con el siglo XX, nos hemos llevado inaudita sorpresa. ¡Y en el México de hoy! Y proveniente de un partido político que es baluarte de la izquierda mexicana. Y que ha postulado a un candidato presidencial que tiene —ahora creo que más lejanas que nunca— posibilidades de triunfo electoral en este año. Parecía, pero lamentablemente no fue así, una broma del día de los inocentes. ¡Asombroso!
Más asombroso aún es el enorme parecido que este comunicado de la dirigencia nacional del Partido del Trabajo (partido que, por cierto, cobijó, apapachó y lanzó como precandidato a Andrés Manuel López Obrador, cuando muchos en el PRD no lo querían), con otro comunicado que inevitablemente me trajo a la memoria el dedicado al dictador norcoreano. Se trata de la declaración aparecida en el semanario del Partido Comunista Francés, France Nouvelle, que publicó en La Une (la de ocho columnas) al día siguiente de la muerte de Stalin:
El corazón de Stalin, el ilustre compañero de armas y prestigiadísimo continuador de la obra de Lenin; el jefe, el amigo y el hermano de los trabajadores de todos los países, ha dejado de latir. Pero el estalinismo vive y es inmortal. El nombre sublime del maestro genial del comunismo mundial, resplandecerá con una imperecedera claridad a través de los siglos y será siempre pronunciado con amor por la humanidad agradecida. Seremos para siempre los más devotos fieles a la memoria de Stalin. Los comunistas se esforzarán por merecer, por su devoción irrenunciable a la causa sagrada de la clase obrera, el título de honor de estalinistas. ¡Gloria eterna al gran Stalin!, cuyas magistrales obras científicas, imperecederas, nos ayudarán a reunir con nosotros a la mayoría del pueblo. (France Nouvelle, 14 de marzo de 1953).
Sigue vigente el texto del Partido Comunista Francés. Stalin sigue siendo, para algunos socialistas (sobre todo latinoamericanos) “el maestro del comunismo mundial”.
Como en el caso de Kim Jong Il y de su padre Kim Il Sung, fundador de la dinastía que viene de heredar su nieto, Kim Jong Un, el diario comunista francés se refiere a Stalin y a su padre político Lenin como hombres sabios, que liberaron a sus pueblos de la opresión y que pasarán a la historia como seres inmortales: el nombre sublime del maestro genial del comunismo mundial resplandecerá con una imperecedera claridad a través de los siglos y será siempre pronunciado con amor por la humanidad agradecida.
¿Será ese el destino histórico que López Obrador sueña para su “república amorosa”? El culto a la personalidad sigue siendo una constante entre los políticos mesiánicos, especialmente los de izquierda. El poder por el poder es su único objetivo. La teoría política dice que a medida que crece el poder de un hombre o de un grupo decrece o se aniquila el poder de las instituciones y el gobernante se convierte en dueño de vidas y haciendas. Sólo hay que recordar que Stalin, con sus famosas purgas, asesinó a más de 30 millones de sus compatriotas. Por el contrario, a medida que se fortalecen las instituciones democráticas, es mejor controlado el poder de los hombres y de los grupos.
Por lo que se refiere a los déspotas de Corea del Norte, el citado comunicado del PT los enaltece, los exalta y los pone como ejemplos históricos: “de quien con gran sabiduría condujo a los norcoreanos por el camino de la paz y el desarrollo económico, político, social y cultural”.
Vale la pena mencionar que, según la Constitución de Corea del Norte, Kim Il Sung es y será el presidente, para siempre, para la eternidad. El día de su cumpleaños (como el de su padre) es fiesta nacional. El es “padre amado”, “sol del socialismo” “sapientísimo señor venido del cielo”, “rayo de sol y estrella del futuro.”
Nadie puede negar que el desarrollo económico, político, social y cultural en un ambiente generalizado de paz constituyan, en efecto, los ideales de un buen gobierno, justo y eficiente, en cualquier parte del mundo y en cualquier época. Lo absurdo y repugnante del caso que nos ocupa, es que el Partido del Trabajo de México les atribuya a los líderes del comunismo hereditario tales virtudes, cuando todos sabemos que Corea del Norte es uno de los países más atrasados del mundo, con mayor índice de miseria, y que recientemente llevó a la muerte por hambre al 10% de su población, mientras el camarada “líder supremo”, comía caviar (importado de Irán), el mejor Sushi (llevado por avión desde Japón) y bebía el mejor Champagne hasta hartarse. Presumía, además, de tener una cava con más de 10 mil botellas de los mejores vinos del mundo. Según CNN, el gasto de Cognac Hennessy es de 700 mil dólares al año. Todo esto, cuando el norcoreano promedio gana 900 dólares al año.
Es también Corea del Norte uno de los países en los que los derechos humanos no existen, la libertad de expresión (no se diga la política) es aplastada y los disidentes asesinados o recluidos en campos de concentración.
Según el diario británico The Guardian, en el Hoeryong, el campo de concentración n° 22, el más grande de Corea del Norte, más de 50 mil personas están prisioneras por delitos cometidos contra el “líder supremo”. En todos los campos de concentración se practica el asesinato de niños nacidos de prisioneras.
En contraste, Corea del Sur es hoy uno de los países más modernos y competitivos del mundo, y una de las democracias mejor consolidadas del Oriente. No es ese país el ejemplo a seguir de los petistas y, por lo que han demostrado, tampoco de los partidos de izquierda en México. Ellos prefieren el modelo norcoreano. ¿Será porque los del PT y López Obrador tomaron de Kim Il Sung y de Stalin, la idea de la “república amorosa”?
¿Por qué es, entonces, López Obrador el candidato presidencial del PT? ¿Por qué el PT es el partido predilecto de López Obrador? La respuesta debemos encontrarla en la verdadera ideología de López Obrador y de buena parte del PRD, formada con las ideas y procedimientos estalinistas.
Aspiran a convertir a López Obrador, por su visión mesiánica de la política, en el “líder supremo”. Ya no en el “rayito de esperanza”, como en el 2006. En todo caso, se convertirá en “Rayo del Sol y Estrella del Futuro”, como Kim Il Sung. Porque creen firmemente que “sus aportaciones (serán), sin duda, un legado de suma importancia para todos los pueblos que buscan su liberación de las cadenas del capitalismo salvaje,” tal como lo han reconocido los partidarios del Peje.
¿Anhelan los petistas y muchos políticos de la izquierda mexicana convertir a México en un país a la medida de los “ideales” de aquellos a quienes admiran y desean imitar? ¿Qué explicación coherente se le puede dar a ese desplegado del PT? ¿Desean para los mexicanos la suerte de los coreanos del norte, es decir, la de la gente del pueblo sencillo y sufriente?
Pero “estamos en un régimen democrático”, dirían muchos, de manera muy sensata. El estalinismo, dirían los más, no cabe en el México de hoy. La realidad es que no existe nada más complicado, intricado, imprevisible como sistema político, que la democracia.
En la democracia cabe todo el mundo, lo cual está muy bien, pero la vida democrática es en sí misma una paradoja, porque no es lo mismo ser demócrata de origen, para después mandar al diablo a la democracia (como Hitler), que hacer del ejercicio democrático del poder público un estilo de buen gobierno.
De la democracia formal se valen los extremos autoritarios, de derechas o de izquierdas (cualquier cosa que ello signifique), para conquistar el poder y luego, desde ahí, abolir las libertades fundamentales de los ciudadanos para perpetuarse en el gobierno. Para eso se necesitan dos cosas: una, que alguien con una gran hipocresía (“la hipocresía —nos dice La Rochefaucauld— es un homenaje que el vicio rinde a la virtud”) proclame, a los cuatro vientos, creer en los principios democráticos, en el bien común, en la solidaridad y prometer la felicidad del pueblo; inclusive, la fundación de una nueva república, la “república amorosa”, por ejemplo. Dos, que muchos ciudadanos ingenuos se lo crean.
En efecto, el instrumento más valioso de quienes quieren conquistar el poder cuando no tienen principios éticos, ni comparten el ideal político del bien común, sino solamente el delirio de una ambición desmedida, es poder contar con lo que Lenin denominaba “idiotas útiles”* (yo les llamaré “ingenuos útiles”). Son aquellos que todo se lo creen, porque alguien “habla su lenguaje” para convencerlos o, cuando con sus palabras y acciones ha ofendido a instituciones y personas, hace un esfuerzo colosal para hacer creer que no es lo que es, que sus actos reprobables sirvieron para evitar males mayores, incluso la muerte de inocentes, pero que, de cualquier manera, “¡ya cambió!”. La verdad, esa que según La Rochefaucauld produce heridas incurables, siempre ha sido así, y así seguirá siendo, mientras existan la necesidad y la ignorancia, y sean éstas el instrumento predilecto de los manipuladores y demagogos.
Los líderes con complejo mesiánico se parecen a esos hombres golpeadores, machistas, que se aprovechan de las mujeres adictas a las relaciones destructivas. Siempre que necesitan de ellas, les prometen que van a cambiar, que ya no son los mismos; les hablan bonito, les dicen que ahora sí las van a hacer felices. Lo que todo el mundo debería saber es que no está en el poder de nadie hacer feliz a nadie, por lo que es una monumental mentira lo de la “república amorosa” de López Obrador.
De lo que no se dan cuenta los ingenuos útiles, es precisamente de que se les está utilizando. El hábil demagogo, el político irresponsable, siempre tiene una frase, una expresión que su ingenuo interlocutor quiere escuchar. Sabe manipular los sentimientos religiosos, sabe presentar las apariencias de la devoción por los más pobres, sabe engañar también a los ricos y atraer las simpatías de los despechados. Si habla frente a empresarios, defiende la iniciativa privada y exalta las bondades de la libre empresa. Si habla con sindicalistas de empresas públicas, jura ante el altar de la Patria que no ha de permitir que la iniciativa privada invierta en ellas, para no poner en riesgo la “soberanía” de la nación. Si se dirige a un grupo de profesionistas y académicos, hará una apasionada defensa de las instituciones democráticas; si con padres de familia, prometerá un país en el que florezcan los valores familiares y sociales, y se vivan las más nobles virtudes. Si habla con “su gente” en la plaza pública, no podrá ocultar lo que realmente es y exclamará: ¡Al diablo con las instituciones!… siempre y cuando éstas no le sean favorables.
Por supuesto que la democracia formal, la de los procedimientos, poco o nada puede hacer contra esto, sobre todo si los demagogos con vocación de sátrapas logran obtener cierto apoyo popular, incluyendo empresarios y profesionistas desorientados. Para lograr su ascensión al poder, a regañadientes, se atienen a las reglas del juego democrático. Esto se produce en un mundo en el que cada vez es más difícil llegar por las armas al poder (tal como lo hicieron Lenin, Stalin, Kim Il Sung). La democracia es, por naturaleza, inestable y a veces carga con la memoria conflictiva de aquellos a quienes ha encumbrado, sólo para verlos convertidos, al poco tiempo, en el azote de sus pueblos.
Todos los dictadores, los sátrapas, los tiranos, han cultivado la técnica perversa de la demagogia, que es la técnica del engaño y la simulación, salvo cuando se sienten obligados a decir su verdad, al expresar su más sentido pésame, como es el caso, por la muerte de un camarada déspota de otra parte del mundo.*
La verdad del PT, la verdad de López Obrador, la verdad de la izquierda decimonónica de México está a la vista, esa, la del totalitarismo más despiadado es su verdad. En la democracia caben muchas corrientes políticas y maneras de pensar y de actuar. Pero esa, la del PT y sus hermanos de ideología, no.
Conclusiones:
- ¿El Partido del Trabajo de México ignora los hechos que cualquier persona conocedora en la política sabe? No solamente no los ignora, sino que conoce muy bien su historia al referirse tan elogiosamente al fundador de la RPD de Corea del Norte y padre del homenajeado, origen de la satrapía criminal en aquel país.
- ¿Andrés Manuel López Obrador ignora las tendencias estalinistas de su partido político?
a) Si las ignora, es culpable por no investigar o averiguar la ideología de sus camaradas. En este caso, debería deslindarse, por congruencia y dignidad, no solamente del comunicado, sino del Partido del Trabajo y renunciar a su candidatura, por lo menos en lo que se refiere al PT.
b) Si las conoce, y aún así insiste en ser el candidato de un partido evidentemente estalinista, debería decirle a la sociedad mexicana la verdad de lo que ella puede esperar de él, si es que llega a la Presidencia de la República. Y que los ciudadanos decidan…
*Recordemos las profundas lamentaciones de Hugo Chávez por la muerte de Muammar Gadafi, y su alianza con el sistema totalitario de Irán.
