Juan Antonio Rosado
En su novela El amarre, Margarita Peña desarrolla el tema de la pasión amorosa a partir del abandono geográfico y psicológico del lugar de origen por parte de la pareja para integrarla en otros mundos mediante un viaje signado ya por el azar, ya por el destino, pero siempre laberíntico, sorpresivo, y nunca en pro de uno u otro sexo. Se exhibe las debilidades y fortalezas de los dos. Alonso y Miranda no están enfermos de celos, no llegan a lo hondo de ese padecimiento, a pesar de que ambos reconocen al otro como un infiel.
El inicio nos envuelve en una atmósfera que bombardea los sentidos: la vista, con brillantes prosopografías, y el oído, con la canción que se deslizaba al exterior del coche por la ventanilla, gracias al empleo de la sinestesia. En medio, aparece la nostalgia de Miranda, quien había sufrido una separación años atrás. Ella está con Alonso, pero recuerda a Ricardo. La antigua pasión se volvió nostalgia de una época, la de la iniciación en el amor y en el sexo: el encuentro con la identidad.
El primer capítulo finaliza con la irrupción de un elemento sobrenatural asociado al caso de la Mulata de Córdoba, que, por cierto, Miguel Ángel Asturias recrea en la “Leyenda de la Tatuana”. El elemento mágico fue antes introducido por la segunda madre de Miranda, Ña’ Carmela, su gurú y creyente de los Orishas. Carmela le había dicho a Miranda que un hombre cambiaría su vida: o lo retiene con un conjuro o lo deja ir. Se creará entonces un nudo indestructible. El “amarre” es el añadido que Carmela pone para que Alonso no se le vaya a Miranda.
Pero como suele ocurrir, la convivencia convierte a la luna de miel en luna de hiel. En buena medida, Alonso me recuerda a René, protagonista de Nostalgia de Troya, de Luisa Josefina Hernández, otra narradora de actualidad. René es un adolescente prolongado que viaja, entre otras cosas, porque le es imposible arraigarse. Ambos —René y Alonso— abandonan a sus hijas, pero se establecen al final; en Nostalgia de Troya, por lo menos, todo indica que la escritura salvará a René de su errancia; en El amarre, el matrimonio se volverá promesa y Alonso se reconciliará con su hija, mas el sino se interpondrá definitivamente.
En esta novela, con sus cambios de voz narrativa, referencias literarias, alusiones mitológicas y artísticas, hay pasajes de gran lirismo descriptivo en equilibrio con las intensas secuencias narrativas, con sus muchas retrospecciones y cambios de escenarios. Por ello, la obra amarra al lector desde la primera página.
Margarita Peña, El amarre. Dirección de Literatura (Textos de Difusión Cultural), UNAM, México, 2011; 289 pp.
