Injerencia de Calderón en el PAN

Carlos E. Urdiales Villaseñor

La contienda interna panista avanza inexorablemente hacía su primera y quizá única aduana, la elección del 5 de febrero donde un padrón, no exento de cuestionamientos e integrado por un millón 800 mil miembros y adherentes, decidirá su candidato a la Presidencia entre Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel y Ernesto Cordero.

Los propios azules argumentan que la falta de notoriedad de sus contrincantes es porque primero tienen que conquistar a esos simpatizantes y luego ya pelearán, en unidad, por los puntos que separan, a la mejor posicionada de los tres, de los punteros de las encuestas respecto a conocimiento y uno en popularidad, Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto respectivamente. Dicen en el PAN que hay tiempo.

Cuando se conoce de la grabación en audio de una reunión de panistas y funcionarios públicos de Sonora, presidida por el secretario de Gobierno, Roberto Romero López, en donde llama “de corazón” a que le ayuden a él y al gobernador Guillermo Padrés a quedar bien con el presidente Calderón apoyando a lo que intuyen es su personal proyecto: la candidatura de Ernesto Cordero; y dicha grabación es presentada a manera de queja por Juan Marcos Gutierrez, vocero de Vázquez Mota en la Comisión de elecciones del CEN del PAN, cabe la duda sobre lo pulcro de la contienda interna blanquiazul.

No por limpio se debe entender la falta de rudezas entre los contrincantes, es más, muchos han reclamado falta de vigor en los debates y en lo general entre los tres. Pero escuchar a un funcionario estatal conminar a votar, amenazar con el desempleo a quienes pretendan diferir y argumentar que es el camino de la continuidad que pasa por la nada desdeñable simpatía del Presidente de la República, debe alertarnos sobre una injerencia de Felipe Calderón en el PAN, pero sobre todo de un adelanto de incidir ya no en la disputa de su partido, sino también en la elección constitucional.

Mucho nos ha costado a todos la polarización que generó la abierta interferencia electoral que operó hace casi seis años el entonces presidente Vicente Fox. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación así lo calificó y no lo sancionó. Es de esperarse que una lección así sea asimilada por su sucesor.

Nada bueno deja la presión oficial a favor de un propio o en contra de un adversario, una cosa es la legítima simpatía y apoyo, y otra utilizar las herramientas, muy vastas por cierto, que da el encargo popular de ejercer el poder para el bien común.

Del episodio de Sonora y la grabación del secretario Moreno López presionando para votar a favor de Ernesto Cordero, debe hacerse cargo el propio partido, que la queja en ese apartado la tutele Josefina Vázquez Mota y su equipo. Pero al gobierno de Sonora y de las entidades todas, debemos exigirles cuentas claras sobre el uso de sus atribuciones, mandatarios de extracción panista, priista, perredista o aliancistas no pueden convertir la competencia electoral en arena para ver quién rompe más las reglas y leyes pretendiendo favorecer a X candidato.

Si bien es cierto y evidente, lo mucho que México gusta de la simulación y los dobles raseros para medir y juzgar, el tránsito de una seudodemocracia donde no había esto porque todo lo decidía el presidente y su partido, los gobernadores eran encargados de territorios y nadie fiscalizaba nada, a una democracia en ciernes, que trae aparejados estos costos, guerras auténticas entre cotos de poder, los constitucionales y los fácticos, todo para imponer, sea como sea, a un propio en el poder y claro, todo de nueva cuenta, con cargo al erario. Ya es mucho.

 

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