Patricia Gutiérrez-Otero y Javier Sicilia

El retorno a la frugalidad permitirá reconstruir una sociedad de abundancia
sobre la base de lo que Ivan Illich llamaba “subsistencia moderna”.
Serge Latouche

El año 2012 inicia. No necesitamos vaticinios mayas, nostradamescus ni otros para saber que será un año difícil, los bolsillos hablan por sí solos, ya hasta Carstens lo acepta: el catarrito es neumonía. Dicen que la economía de México está blindada, pero quitarán aranceles a los productos chinos, ¿aguantarán nuestros empresarios? El salario ya no alcanza ni para la canasta básica, los compradores buscarán precios bajos y su nacionalismo valdrá poco entre una buena vajilla china y una buena vajilla mexicana, si la primera es más barata… Lo mismo en cuanto a los insumos de las grandes empresas: ¿quién compra mexicano si es más barato lo extranjero? La leche mexicana es más cara que la neozelandesa, por eso las grandes compañías comercializadoras de leche compran la de ese lejano país, aunque el costo ecológico del transporte sea enorme. Sin echarle toda la culpa a la destrucción de nuestro ambiente, las heladas y sequías han dañado a la ya agonizante agricultura mexicana. Seguiremos comprando maíz a los estadounidenses… Y ya para qué hablar de la podredumbre electoral ni de la famosa guerra contra el crimen organizado ni de la situación económica en Europa o Estados Unidos…

¿Para qué empezar este año recordando cosas así? Porque todo momento de crisis es un momento de oportunidad. En este caso la de cuestionarnos a fondo sobre el sistema neoliberal que rige al mundo y del que goza sólo una minoría. Hay que desmitificar conceptos como progreso, productividad, crecimiento económico (1,300 millones de toneladas de alimentos se tiran anualmente en el mundo), the american way of life… Hay que pensar en términos de decrecimiento económico. Hay que imaginar cómo lograrlo y comenzar a utilizar ecotecnologías. Reducir nuestro consumo, no uniformarnos según la moda. Romper el mito de time is money y el de la avidez que, según el neoliberalismo, mueve a la economía. Contra la competitividad hay que cultivar la cooperación y el sentido de pertenencia y hermandad con todo.

La crisis nos obliga a reflexionar sobre lo que señala, entre otros, el economista francés Serge Latouche quien sostiene: “El decrecimiento, como tal, no es verdaderamente una alternativa concreta; sería, más bien, la matriz que daría lugar a la eclosión de múltiples alternativas. Evidentemente, cualquier propuesta concreta o contrapropuesta es a la vez necesaria y problemática”. Afirma también que la alternativa es descrecimiento o barbarie y que la misma situación provocará la elección. En lo concreto propone seguir el camino de “las ocho R”: Reevaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar y Reciclar, que aquí no podemos profundizar, pero les recomendamos ampliamente los libros en español de Serge Latouche o de otros pensadores de la misma línea. En otras palabras se trata de lo que algunos llaman “llevar una vida simple” o crear una sociedad convivial (Iván Illich).

Crisis y posibilidad de cambio. Primero, descolonizar nuestro imaginario: el crecimiento económico no produce felicidad. Luego, imaginar otro modo de vida, que no es un regreso a las cavernas. ¡Es nuestra gran oportunidad!

Además, opinamos que se respeten los Acuerdos de San Andrés y las autonomías de los pueblos indígenas. Que se investiguen los crímenes contra los migrantes sudamericanos en nuestro país. Que se ponga un alto a las transnacionales, y se restituya el predio que ocupaba el Casino de la Selva. Que se reconsidere el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Que se detenga la explotación minera a cielo abierto. Que se salve a Wirikuta.

www.movimientoporlapaz.com
pgutierrez_otero@hotmail.com